jueves, diciembre 30

Garabatos

Ahora me dio por el reciclaje.

(1998)

Una noche, mientras caminaba rumbo a mi casa, con ese andar presuroso que tienen quienes huyen de algo, se me ocurrió que había algo diferente.
Creo que fue al voltear la esquina.
Un viento helado me golpeó la cara, la incertidumbre me paralizó. Este camino lo recorro casi instintivamente todos lo días. ¿Por qué, de pronto, lo siento tan extraño?
Conmovido por la sensación de alienación que me invadía lentamente, e incentivado por el suelo desierto, me propuse descubrir cuál era el misterio de esa noche; mis sentidos serían mis herramientas.
Sí. Algo ha cambiado y yo iba a descubrir qué.
De mi ingenuidad surgió la esperanza, y con toda la insolencia del mundo, di un paso.
Sentí algo en mi mano vacía. Era Soledad que se había ofrecido a acompañarme.
Entonces, empezó la búsqueda.
Dos círculos negros sobre un fondo blanco, llenos de soberbia, fueron los primeros voluntarios.
Ellos, ávidos de ser los protagonistas del ¡ahá! de esa noche, se lanzaron sobre las sombras de los árboles, seguros de encontrar entre las formas y colores de la noche algún elemento sospechoso.
Unas hojas muertas sobre el césped delataban la rutinaria normalidad de lo cotidiano. Eso era todo.
A mi derecha, no más que ese monstruo verde cuya vida transcurría sosegadamente. No había nada fuera de su lugar. “Tal vez si intentamos por este lado”, a la izquierda de la gran serpiente gris bajo mis pies, “..tal vez...”.
Pared contra pared, las casas iban formando una larga fila, la inercia que fluía de ellas era casi exasperante, sus colores seguían siendo igual de opacos que otros días, bajo la tenue luz de una noche sin luna; el mismo perro viejo dormita en el balcón de la casa celeste de rejas negras. Tiene expresión de cansancio y quizás de aburrimiento.
Ojalá hubiera visto todo aquello. Pero mis ojos se habían mantenido fijos en las hojas secas a mi derecha.
La abulia impidió que constatara que a mi izquierda todo era tal como lo había imaginado. Pero sabía perfectamente que era así. Exactamente tal como lo imaginaba. Sentí miedo.
Las esferas habían cedido su arrogancia a la derrota. Empezaron a deslizarse, errantes, sobre el resto del paisaje. Unas pequeñas piedras yacían, dispersas, sobre mi viejo amigo gris. Imploraban atención. Prometían esconder un secreto; dispuestas así, a propósito en desorden, parecían encerrar una clave.
Mis ojos las observaban con odio, “una trampa”. Nada más.
Me acerqué a una de las piedras y, no sin cierta indignación, la pateé con fuerza.
Una pobre, sucia piedra” voló por los aires unos metros para luego caer sobre el asfalto, rodando unos pocos centímetros.
Algo curioso: al chocar la piedra con el suelo, creó un ruido que interrumpió el silencio. El sonido se había apoderado de la noche. Me estremeció. “Maldita piedra!”.
De pronto, noté que la noche hacía ruido. Al prestar atención, pude sentir cómo cada sonido cobraba mayor intensidad. Pero todos los sonidos se mezclaban entre sí y no lograba distinguirlos.
Decidí, primero, neutralizar mis propios ruidos. Dejé de caminar, para no generar ruido externo. Así, comencé a sentir lo que escucha un feto, el compás de la respiración, los latidos del corazón, la sangre fluyendo por las venas. Ruidos internos, ruidos que distraen. Me concentré más y dejé de oírme a mi mismo. Lo logré. Oigo la noche. El viento, el susurro de las hojas de los árboles, el silencio. No es nada de eso. Puedo separar cada ruido y aislar el sonido de la noche. Nunca la había oído con tanta claridad. No lo podría describir nunca, no me atrevería siquiera a intentarlo, sólo atino a confesar que es más hermoso incluso que el sonido del silencio. Es la noche.
Pero no. No he hecho ningún descubrimiento.
Una oscura intuición me invade, interrumpiendo mi deleite auditivo. Esto no es lo que estoy buscando.
Cada minuto mi intriga crece. No entiendo.
¿Por qué me siento tan ajeno a esto? ¿por qué todo se está volviendo cada vez más hostil?
¿Qué es lo que hará que termine por convencerme de que no pertenezco aquí?
Empecé a temblar. Tenía miedo. Y frío.
Tuve el impulso de correr hacia mi casa y terminar con todo aquello, pero no podía. Tenía miedo de que esto fuera una pesadilla y que no llegara a mi casa nunca, por más que corriera.
Tenía que seguir en mi (inútil) búsqueda (ya empezaba a sospechar que ésta era inútil, pero rehusaba a resignarme).
Hay muchas formas de sentirse extraño, la más cruel es cuando intentas, en vano, encajar en un mundo que alguna vez te acogió y que, de pronto, se muestra hostil e indiferente.
Ahora sentía cansancio. La mochila en mi espalda parecía más pesada. Los ojos me ardían. Mis piernas apenas podían moverse. Mi ropa se sentía áspera sobre mi piel. Mis labios estaban helados.
La noche me seguía rodeando.
Lo que daría por empaparme de ella.
Sin pensar en resistirme, dejaría que la noche se filtrara a través de mi ropa, y acariciara suavemente mi piel. Piel de mujer.
Yo, envuelta en la piel de la noche, embriagada de su esencia, me dejo seducir por ella. La calidez de la noche se impregna en mi piel, atraviesa mis poros, se diluye en mí. Calma mi dolor. Calma el frío. Me adormece. No siento ya nada. Sólo la siento a ella. La noche.
Aturdida por la presencia de la noche, descubro una mueca de asco dibujada en mi rostro.
Un nudo en la garganta, escondía el sufrimiento de una decepción. La desnudez de la noche había terminado por hostigarme. Me sentí débil frente a ella.
Dejé que me hipnotizara, que me condujera por la mentira.
El asco provenía de mi conciencia. Mudo testigo de mi debilidad.
El vértigo me estaba acechando. Todas las cosas empezaron a existir con más fuerza.
El desánimo y la confusión flotaban como fantasmas a mi alrededor.
Mi rostro recobró su inexpresividad mientras pensaba en las dos herramientas que aún no había utilizado.
A pocos pasos de mi casa, la búsqueda sin sentido se había transformado en una tarea descomunal. La desesperanza me sonreía triunfante.
Sin que yo pudiera evitarlo, la noche seguía jugando con mis sentidos como si fueran marionetas.
Ya no quería seguir. Pero no había forma de eludir ese momento. Así que sólo empecé a desear que terminara rápido. Respiré profundamente y el perfume de la noche se deslizó hacia mis pulmones. Lo admito, era una sensación agradable, así, aislada. Olía a lluvia, a otoño, olía a nada. El olor emanaba de todos lados, hasta de mí. Tal vez porque la noche era omnipresente. Ella me atravesaba como si yo no existiera y me dejaba contagiado de su perfume. Ahora yo también olía a nada. Me asqueó más.
Dejé de caminar nuevamente para buscar en mi mochila mis cigarros. Necesitaba sentir el humo gris. Demoré en encender el cigarrillo. Mis manos temblaban. Finalmente aspiré el humo. Sentí mi ansiedad.
Las cenizas caían al suelo. Reanudé mi camino.
Hubiera querido fumarme la noche. Sentir su sabor. Sabor a humo. Porque ahora todo me sabe a humo.
Recordé a Eladio. Cómo abrió la boca, hizo chocar los dientes y mordió suavemente la noche. Sentí envidia. Ojalá yo pudiera hacer eso, morder la noche.
Llegué a la puerta de mi casa. Porque ésa era mi casa. Estaba seguro de que ésa era mi casa.
Aunque me sentía como si la hubiera visto por primera vez, como si nunca antes hubiera estado ahí.
Pero yo sabía que todo era igual que antes. Nada, afuera, había cambiado.
Cómo hubiera querido descubrir esa noche algo en ella que fuera diferente. Echarme a reír mientras decía: “ah, solo era esto...”. Pero todo era odiosamente igual. La normalidad me sonríe sarcásticamente.
Tiré el cigarro y entré a mi casa. Cerré la puerta. Ya estaba dentro.

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martes, diciembre 28

códigos

Hoy desperté con el sonido de los tangos que escuchaba alguno de mis vecinos en el edificio donde vivo. Imaginaba que era un viejito con cara de tano, de aquellos que dicen que eso que bailan en las veredas de Caminito no es tango, sino mierda para los turistas. Me volví a quedar dormida.
Desperté, había soñado algo, no recuerdo qué, tal vez con viejitos bailando tango, como se debe, me volví a dormir, volví a soñar, finalmente me despertó el televisor, que se enciende todos los días a las 8:00 am en canal 9 'Todo Noticias'.
Hace unos días pensaba en mis clases de lenguaje en la universidad. Recordaba a Carlos contando la historia de su amigo peruano en España, el que dijo al encargado del hotel donde se hospedaba 'la chapa está malograda', al que lo miraron raro. Y es que los españoles no dicen 'chapa' sino 'cerradura', no dicen 'malograda' sino 'averiada'.
Acá, en Argentina, dirían 'está rota'.
Hace poco, cuando estaba en plan de buscar regalitos navideños, se me ocurrió preguntar por el precio de un polo. Me miraron raro. Pero alguien intervino para ayudarme, remera, dijo él.
¡Qué cosa!
Aún me resulta molesto cada vez que lo oigo preguntar por los pendejos.
Y es que en Perú, pendejo es un tipo que es 'vivo' (en el sentido de 'viveza criolla') o, como dice el Diccionario de la Real Academia Española, pendejo es una 'persona astuta y taimada'.
Lo curioso es que en otros países, como Cuba, pendejo es una persona cobarde y tonta. Nada que ver.
En Argentina dicen 'pendejos' a los niños, así como en Perú les decimos 'chibolos'.
Pobre, él solo pregunta por sus sobrinitos, y con cariño, asegura.
También pasa algo raro con el conchudo. En Perú lo usamos para referirnos a alguien que es un fresco, un caradura. Acá, aunque la Real Academia no dice nada al respecto, se usa 'conchuda' casi como sinónimo de 'hija de puta'. Un poco más agresivo que el sentido peruano.
Y algo que también me llamó la atención fue lo de atorrante. No estoy segura, pero tengo la impresión de que el uso de este término en Argentina es anterior al de Perú. Nosotros llamamos atorrante al tipo que es ridículo, tonto, desatinado. Acá, el atorrante es el desvergonzado, o un vago. Atorranta, una 'cualquiera'.
Tener que acostumbrarse a palabras como birome (lapicero), bondi (autobús), trucho (bamba, falso), choto (misio, decadente), heladera (refrigeradora), pava (tetera), chauchas (vainitas), la quita (reducción, exención), la suba (aumento), decir ¿hola? en lugar de ¿aló?, llamarle manteca a la mantequilla y grasa a la manteca, y a no meterse con el sagrado dulce de leche (manjar blanco), ni con el asado (parrillada).
Hace unos meses tuve que ir al consulado peruano. Ah, el sincretismo lingüístico en vida.
Yo me rehúso a ceder al voseo. Pero muchos de los peruanos que viven acá, hace muchos años más que yo, han creado un híbrido, que como se trata del mismo idioma, el español, no sé cómo llamarlo. Les gritan a sus hijitos '¡vení acá!' y, al rato, le dicen a alguien más 'oe, guardáme cola, pe'.
¡Qué cosa!

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lunes, diciembre 27

Días rojos en el calendario

Esta fue la primera navidad que pasé en este país. No sé si será así de ahora en adelante, navidades en Argentina. Sin papá, sin mamá, sin hermana, sin hermano, sin sobrinas, sin mis tías. Solo yo.
Raro. No soy muy entusiasta con el tema de la navidad. Tampoco me disgusta. Es el cumpleaños de alguien más. Punto.
Regalos que van, regalos que vienen, ¡salud! por aquí, ¡salud! por allá. El cielo se ilumina de luces multicolores, ¡PUM!, y todo se acaba.
Y ahora, año nuevo.
Estaba hurgando entre mis propias cosas, mails y garabatos viejos, y encontré esto que escribí hace no muchos años:
"(...) odio el año nuevo, tanto como mi cumpleaños. Odio que me digan 'Feliz año...' con esa cara de imbécil, con esa sonrisa babosa. Odio tener que decir '..gracias..' cuando lo que quiero es saltarles encima, cogiéndolos del cuello, y gritarles que se callen, carajo, que me dejen en paz, que no me hace feliz recordar que hoy empieza un año más (...)"
Vaya.
Este viernes no estaré sola. No sé qué haremos. Tal vez, salir a pasear, a sentir, a existir.
Aún me incomodan las fiestas, la gente, la algarabía. Tanto no puede cambiar un ser humano. Quién sabe, tal vez el próximo año.
¿Qué se siente?
Nada.
No se siente nada. Como que entras en un callejón estrecho, lleno de gente, donde todos te escupen en la cara mientras pasas y tú sigues caminando indiferente. No sientes nada.
¿Qué se siente?
Nada.
No se siente nada. Como que estás desnudo y solo en una cama, que es la tuya, y de tus ojos brotan gotas de sangre y se mezclan con las lágrimas que caen de tus heridas formando un turbio riachuelo que ensucia tus sábanas. No sientes nada.
Pero, ¿qué se siente?
Como si caminaras por una calle vacía, mojada por la lluvia que acaba de caer, caminaras solo y abrazado fuertemente a ti mismo, con el corazón arrugado como un pedazo de papel que no sirve, pero latiendo neciamente al compás de tus demás vísceras que no dejan de destilar vida, malditas, y es como si tanta vida en ti fuera inútil y te llenara de asco.
Y es como si de pronto tropezaras y cayeras sobre el suelo mojado y en lugar de levantarte quisieras llorar a gritos tu rabia, sin embargo te levantas y sigues caminando con la sensación de haber muerto en algún momento, pero sigues respirando y sigues latiendo, y nadie te vio porque no hay nadie.
No se siente nada.

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miércoles, diciembre 22

migraña - cuando nada parece funcionar

Este es un post quejoso.
Nada. Ni el Ibuprofeno, ni el Paracetamol (acetaminofeno), ni la Aspirina. Ni un cóctel de ellos, aderezado con cafeína. Ni parchecito en la frente. Nada de nada.
Bayaspirina argentina, Excedrin yankee, Kool n' Soothe europeo. NADA.
Tengo las luces apagadas. En días como este, agradezco vivir en el departamento más oscuro del mundo.
No estoy escuchando nada. Si viniera Elizabeth Fraser a cantar para mí, le pediría que bajara la voz. Por favor.
Google.

http://www.migraines.org/

...ah...

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martes, diciembre 21

MALI

Estaba revisando la Caretas online y me doy con una sorpresita. No puede esperar hasta mañana. La columna de Luis Lama, Artes y Ensartes, tiene un breve párrafo en el que el autor llama la atención sobre el desatinado nuevo logo del Museo de Arte de Lima, MALI. Lo leí y no lo podía creer. Así que, Google. Se me cayó la mandíbula al suelo, pues era cierto: el instituto superior pedagógico (sí, lo pongo en minúsculas) del Museo de Arte de Lima muestra en su sitio de internet el logo este:
Mali, el nombre de un lindo país africano cuya capital es Bamako (eso lo aprendí cuando me preparaba para ingresar a la universidad), está muy bien para bautizar un restaurante, una marca de ropa, un blog, qué se yo, muchas cosas. Pero NO es apropiado para identificar con él una institución importante como el Museo de Arte de Lima.
Imagino que los diseñadores trataron de replicar con ello el éxito del MOMA (Museum of Modern Art, en New York), pero creo que no les salió.
Acá va un link para el que quiera saber un poquito más sobre el verdadero y único Mali.

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mp3

Me gustaría recordar cuál fue el primer mp3 que me bajé de la internet, pero no. Hago fuerza como Manolito (el amigo de Mafalda) pero, nada. Lo que sí recuerdo es que usé el napster porque era lo que la mayoría estaba usando en ese tiempo. Me parece que era el año 1998. La primera persona a la que oí hablar de esta aplicación fue una chica argentina, a la que llamábamos Napi, con la que hablaba a través del mIRC. Al comienzo yo pensaba que napster era su nuevo apodo. Luego, ella me explicó que podía bajar canciones y escucharlas en su pc antes de invertir en comprar el disco completo. Finalmente, sometí mi pentium, sus 3 gb de disco duro, 32mb de memoria, módem de 56k, y conexión dial up (!¡) a la deliciosa tarea de bajar música de la internet. Iba a decir 'gratis', pero la cuentita de fin de mes de la Telefónica (en épocas previas a las 'tarifas planas de 8pm a 8am', speedy o cable modem) no lo justifica.
Como ya sabemos, las disqueras putearon hasta en arameo y napster cerró el kiosco. Y justo cuando ya le habíamos tomado cariño. No nos quedó otra que...¡buscar otro peer 2 peer!
Mediante la internet, la información, chismes y noticias, se propaga muy, pero muy rápido. Así que, en poco tiempo, estuve usando Audiogalaxy y Winmx. Algunos se mudaron a Kazaa.
Actualmente, me las arreglo con y con .
Será poco ético, será robar, será lo que quieran. Yo seguiré bajando música y películas de la internet hasta que se decrete la paz mundial o hasta que la distribución mundial de la riqueza sea equitativa. Lo que ocurra primero. Lo prometo.
No fue hace tanto, pero recuerdo con nostalgia la ansiedad de tener esa canción en 98%, tras 2 horas de download, rogando que no se corte la conexión, que baje de una maldita vez, pensando en la cuenta de Telefónica, pataleando cuando al 99% el infeliz que tenía mi canción se desconectaba, caminando por las paredes -desesperación- cuando ese 1% no tenía cuándo completarse. Mezcla de angustia y culpa.
Espero no recordar, en el futuro, 'las épocas en que bajaba música y películas en dos minutos con el cable modem'. Nah. Lo dudo.
A propósito de mp3, he puesto un radioblog en mi sitio. Alguien me preguntó 'cómo se hace', fácil, haciendo click en 'I want my radio.blog', debajo del volumen, llegas a radioblog club y ahí haces el download del programa, lo subes a algún hosting y subes tus mp3 (convertidos a formato rbs). ¿Chino? Sí, para mí también. Pero es más fácil de lo que parece.

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lunes, diciembre 20

Juguetes

Falta poco para navidad. Este sábado que acaba de pasar nos levantamos temprano para participar del ritual pascuero de comprar regalitos. Fuimos primero a comprar ropa para bebés, pues este año nuestros amigos se han reproducido. Paréntesis: alrededor de los 30, empiezas a notar que todos tus amigos están teniendo hijitos y esperan que tú también hagas lo mismo. Luego, fuimos a la juguetería. Ver carritos, helicópteros, soldaditos, ametralladoras, tanques y armas nucleares de juguete no me entusiasma. Escogí una bote de juguete que funciona (ojalá) a pilas y un avión que volará solo con la imaginación de mi sobrinito de 4 años. Faltaban dos regalos más. Y enrumbamos a la sección de juguetes para niñas. Me molestó un poquito pasar de la sección 'fabriquemos machitos belicosos' a la sección 'forjemos histeriquitas con problemas de autoestima'. Caminaba por los pasillos y veía cocinas, planchadores y lavadoras de juguete. Daba la vuelta y veía, uno tras otro, bebés de plástico. Bebés que lloran y se orinan (podrían hacerlos más reales aun y hacerlos vomitar o embarrar sus pañales). Sigo caminando. De pronto, encuentro cosméticos de juguete. Cocina, lava, plancha, cuida a los bebés meones y, todo esto, hazlo sin descuidar tu apariencia. ¿Qué apariencia? La chica rubia y sonriente tiene la respuesta.
Cuando era pequeña y me regalaban muñecas Barbie, yo no le daba muchas vueltas al hecho de que fuera blanca y rubia o que sus medidas fueran inverosímiles Paréntesis: como ya muchos sabemos, en escala humana, Barbie mediría 2.10 de alto y tendría unas poco armoniosas curvas: 95-45-82.
Yo jugaba y punto. Ken era un maldito que la engañaba y la atropellaba con el Porsche rosado flamenco; pero, de alguna forma, al final se reconciliaban (esas historias debo de haberlas sacado de alguna novela mexicana o venezolana que veía en la tv).
El punto es que las niñas de 5 ó 6 años solo buscan la Barbie más linda, la chica buenita y exitosa, la ganadora.

Esta frívola muñequita, con más de 40 años representando a la mujer en los juegos infantiles, ha pasado por muchos cambios. Comenzó siendo una jovencita sofisticada con un amplio guardarropas. Dicen que sus creadores, Ruth y Elliot Handler, hicieron de la primera Barbie una morochita, es decir, no una rubia sino una chica de cabellos marrones. Además de tener una excelente y creciente agenda social, Barbie siempre está rodeada de viejos y nuevos amigos, divirtiéndose, la chica de largas piernas encuentra tiempo para trabajar. Y qué amplio y diverso currículo que tiene: a sus clásicos puestos de maestra de niños, veterinaria y enfermera, se suma sus experiencias en el mundo de los fast foods, ajá, Barbie también ha pasado por Mc Donald's y Pizza Hut. No satisfecha con ello, Barbie también nos dice que no es una rubia tonta ni mediocre, ya que ha ejercido la medicina, ha sido pediatra, incluso cirujana; ha sido astronauta, ha sido piloto de la Air Force. Pero de que es rubia, es rubia. Tiene amigas pelirrojas, morochas, latinas, negras, chinas. No, Barbie no discrimina. Aunque tal vez discrimine a los gordos, pues no tiene ninguno.
He visto hasta los abuelos de Barbie, y ¿quién no se enteró de la polémica por la salida al mercado de Midge, la amiga de Barbie, mostrando sonriente su panza de 9 meses? Aunque a muchos nos parezca casi una trivialidad, a nuestros conservadores vecinos del norte les pareció un tema controvertido (por promover el embarazo adolescente, dicen).
El sábado encontré a Midge en los estantes. Ha vuelto, y posa mostrando, orgullosa, el anillito dorado en la mano izquierda. Alan, su esposo sonríe a su lado.
Al que no pude encontrar fue a Blaine, el surfer australiano que ha desplazado a Ken en el plástico corazón de la chica dorada a mediados de este año. Muy buena estrategia para impulsar las ventas. Barbie cambia de ropa, cambia de profesión, cambia de novio.
La flaca es envidiada, rechazada, ridiculizada, hasta satanizada, pero también es amada. Tiene tanto fanáticos como detractores. Además, tiene competencia. Y no me refiero a las humildes 'Susy' y 'Kathy', made in china, que se venden en los mercados de Lima, enfundadas en bolsas de plástico. La demanda por las juveniles y fashion My Scene y Bradtz está en aumento, superando en algunos países a la clásica Barbie. A pesar de esto, la muñeca de plástico más famosa del mundo sigue ocupando un lugar importante entre las preferencias de niñas y no-tan-niñas.
Será por eso que aún no ha dejado de sonreir.
De vuelta a la juguetería:
Tenía que encontrar algo para una enana de 4 años. Pensé en regalarle un libro de cuentos, o unas acuarelas y libros para colorear, pero vi a la rubia sonriéndome desde su caja de plástico rosado y pensé en la carita de la niña. Sé que le gusta la tal Barbie. Opté por comprarle un rompecabezas...de Barbie. Espero que le guste.

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viernes, diciembre 17

Dancing Queen



Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que fui a una fiesta o a una discoteca, bar, o cualquier lugar semi-iluminado con mucha gente, fusión de conversaciones, risas y música en altos decibeles.
Cuando tenía15 años discutía con mi padre para que me dejara salir hasta cierta hora, para que no fuera a recogerme y que me dejara volver en Taxi Real, para que me dejara salir de juerga de nuevo, habiendo salido el fin de semana anterior. Y cuando tenía 17 años, era yo quien lideraba la coreografía de esa masa de universitarios alcoholizados bailando el meneíto en las fiestas en la Granja Azul.
No sé si fue ésta la última vez, pero es el último recuerdo que tengo. Había ido a la Bauhaus (porque al menos ahí la música no me lastimaba) y tras contemplar gente bailando en solitario, la realidad me mordió: el ruido de las voces y risas se dirtorsionó, opacando el sonido de la música; los rostros de la gente empezaron a deformarse, se tornaron angulosos, las bocas ocupaban groseramente la mitad de la cara, los ojos se achicaron, se volvieron oblícuos y siniestros. Un compás circense invadió mi cabeza, el corazón palpitaba de prisa, mi cuerpo temblaba, tuve ganas de vomitar y huí.
Desde entonces, las discusiones en torno a las salidas se han invertido.
-you can dance, you can jive, having the time of your life-

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jueves, diciembre 16

Make it right

Ayer volví­ a mi ritual de ver TV desde mi cama antes de dormir y me encontré con un reportaje en el programa Primetime (de la abc, pero también lo pasan en canal A&E) que trataba sobre los efectos negativos de tratar de reducir o eliminar la dosis de antidepresivos (mencionaban el caso de Paxil y Zoloft) y que las fabricantes de estas drogas no advertían lo suficientemente claro. En muchos casos se desarrollaron tendencias suicidas en los pacientes y, en el mejor de los casos, los efectos colaterales se manifestaban como temblores, náuseas, insomnio, etc. (el resumen de la historia está aquí:primetime story).
Terminó el programa, y yo, abrazando mi almohada, cerré los ojos. Pensaba en pastillas. Pensaba en lo detestable que sonaban las palabras '..es un desbalance químico en el cerebro..' y lo simple que es para algunos garabatearte una prescripción 'para que vuelvas a la normalidad'. Para sonreir, para amar los días soleados, para disfrutar de las situaciones de socialización, para salir de la cama, para volver a sentir pasión por algo, cualquier cosa. Pensaba también en la gente que se mete un xanax o un diazepam antes de ir a chupar. Pensaba en los que se cuelgan de una soga, porque no pueden pagar una deuda, porque la novia lo dejó, porque los viejos 'no lo entienden', porque a eso también le llaman depresión.
La página de zoloft dice: when you know more about what's wrong, you can help make it right. (make it right, ¿para quién?).
Sé que muchas personas realmente tienen ese desbalance químico que las sumerge en estados depresivos que no tienen nada que ver con situaciones externas. Sin embargo, no deja de parecerme tenebrosa la imagen de una mano ofreciendo una pequeña pastilla-solución.
Toma esto y vuelve a tu trabajo. Te necesitamos.

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miércoles, diciembre 15

Huevo

Caminaba al lado de la Facultad de Medicina de la UBA, rumbo a la óptica donde -por fin- me iban a dar mis lentecitos nuevos. Iba mirando fijamente el piso, para no tropezar con esos desniveles que apenas podía distinguir o para no pisar mierda de perro que abunda en las veredas porteñas. De cuando en cuando, levantaba la mirada, para disfrutar por última vez del bizarro paisaje de figuras indefinidas, borrosas, difusas.
Al salir de la óptica, me dispuse a pasear la mirada por los bordes nítidos de las veredas y descubrí restos de cáscaras de huevo. Seguí caminando. Llegaba ya al edificio de la Facultad de Medicina y me encontré con un espontáneo charco de huevos estrellados en la acera. Una imagen muy desagradable a la vista, por cierto.
Seguí caminando y vi de reojo un grupo de personas alrededor de una tortilla humana. Como no soy de los que gira la cabeza para mirar, seguí de largo. Pero la imagen la logré captar: un chico embarrado de cabeza a pies con una mezcla mal hecha de huevos crudos y harina. Sonreí.
1993: una chiquilla de 16 años lloraba en las escaleritas de la escuela preuniversitaria mientras su examen de 'economía, actualidad y geografía' era corregido. Necesitaba un 11, porque aunque había logrado anular (aprobar incluso sacándose cero en el exámen final) aritmética, álgebra, trigonometría, geometría y lenguaje, la pobre chica era un taco total en historia y la única forma de ingresar a la universidad era promediando esa nota de un solo dígitio en historia con un 11 en 'e.a.g.' La chica lloraba, se acordaba del peinado de su profe de historia del colegio, de los plajes en la reglita, en el borrador, en el papelito, el cuaderno abierto abajo de la hoja del examen, la negligencia y el descaro. Se abrió esa puerta mágica y, examen en mano, cocolucho pronunció las palabras mágicas: 'tienes 11'. La chica no tuvo tiempo de reaccionar y sus amiguitos ya estaban saltando y gritando 'ingresaste!' por ella. Alguien la abrazó y ella se desmoronó en llanto. Sin roche. Y, agh, en eso el inevitable plosh! huevazo limpio en la cabeza. Temblaba, las lágrimas seguían brotando, apestaba a huevo como los mil demonios y, a pesar de eso, sonreía. Y ese era solo el comienzo.
En Perú, celebramos con huevo el ingreso a la universidad. En Argentina, este ritual se lleva a cabo al terminar la universidad. Ese chico/tortilla humana que vi en las afueras de la Facultad de Medicina de la UBA no era un cachimbo, era un egresado.
El proceso de ingreso a la universidad en el Perú, a través de exámenes de admisión, resulta tan estresante que amerita una celebración. No en todos los casos, pero sí en muchos. La mayoría de universidades argentinas no seleccionan a sus alumnos mediante exámenes de admisión. Un estudiante de secundaria que decide asistir a la UBA-Universidad de Buenos Aires, por ejemplo, solo tiene que matricularse en algo llamado CBC - Ciclo Básico Común al terminar el colegio y aprobar todos los cursos. No es tan difícil ni tan estresante como para un estudiante de secundaria peruano que está pensando en mandarse a la San Marcos o a la UNI. Y en cuanto a las privadas, lo raro es que acá muchas no tienen el mismo prestigio que las públicas. La percepción general, con excepciones, por supuesto, es 'si pagás, aprobás'. A ver, dile eso a alguien de la U. del Pacífico o de la Cayetano Heredia. Ja!
Con razón el ritual del huevo se da entre los egresados, el reto no está en ingresar, sino en terminar la carrera. En Perú también, claro, pero además de hacérnosla difícil dentro de la universidad, ya nos están 'avisando' desde antes de ingresar.
La chica de 16 años creció, desarrolló múltiples patologías psicológicas y terminó la universidad. No fue a su ceremonia de graduación y dicen que ahora escribe en un blog desde un país extranjero.

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martes, diciembre 14

Familia globalizada

Esta mañana pensaba que es la primera vez que estoy en Argentina en estas fechas. Llegué acá en un vuelo de TACA que partió la noche del 11 de setiembre del 2002. Mi papá, en Lima, sospechó cuando vio la maletaza que estaba llevando para lo que, supuestamente, era un viaje de fin de semana con las amiguitas de la universidad. Técnicamente hablando, escapé de casa.
En Argentina suelen dar 3 meses de entrada como turista, así que en diciembre de ese mismo año tomé un desastroso vuelo de LanChile que era así: Buenos Aires-Santiago. Lindo, menos de una hora. Luego, a esperar más de 10 horas en el aeropuerto chileno para hacer la conexión Santiago-NY, con escala de 1 hora en Lima. Pero qué largo viaje. Creo que fueron cerca de 24 horas, contando las horas de espera en los aeropuertos. Horrible. Un vuelo Lima-NJ (aeropuerto de Newark, un poco más cerca que el JFK de NY) con escala en Miami demora entre 9 y 10 horas. Pero los que tenemos restricciones presupuestarias tenemos que aguantar. Ni modo, iba a pasar la navidad con mi mamá y, de paso, a 'blanquear mi situación', aprovechando la buena onda por las fiestas. Tres meses más tarde, estaba regresando a Argentina, ahora sí, para hacer una maestría.
En diciembre de ese año, 2003, repetí el periplo. Misma ruta, misma aerolínea, mismo hueón en el aeropuerto chileno avinagrándome -otra vez- el viaje, secuestrando mi pasaporte para 'inspeccionarlo' y haciéndome mil preguntas 'porque tenemos problemas con algunos peruanos' dice (pero para vendernos pasajes, la Lan Chile no tiene problemas con nosotros, cachai?; pensé yo). En los U.S. Migration nunca me hacen problemas, hojean mi pasaporte guinda, observan la cantidad de sellitos yankees y me preguntan why?. Les explico que mi familia vive allá y no más preguntas. Me miran y deben ver en mi cara las zero ganas que tengo de quedarme a vivir en su país porque, zás, sello, click, tarjetita: 90 días, welcome to the U.S.
Este año voy a pasar la navidad acá, en Buenos Aires, con mi nueva familia política. Todo bien con ellos, pero no puedo evitar sentirme un poco extraña.
Hace un tiempo, mi mamá me contó por el msn que había tenido un sueño de esos raros que ella siempre tiene. Estaba en casa de mi hermana, en NJ, mirando por la ventana, y vio pasar un microbús peruano por la calle y pensó que recién se enteraba de que había un micro que la dejaba cerca de su casa en Lima. Paréntesis: Me encanta cuando en los sueños no nos damos cuenta del absurdo y nos mezclamos en él. Se puso contenta al pensar que no estaba tan lejos de casa.
Cuando me fui de mi casa, del Perú, sabía que no quería estar allá. Lo que no sabía es que no quería estar tan lejos. Como en el sueño de mi madre, quisiera ver un micro peruano, incluso una combi, con su cobrador malcriado, pasando por afuera de este edificio. Y lo único que veo es el 26 con su chofer uniformado y la maquinita para insertar las monedas del pasaje. Yo quiero ver a mi papá sentado en su sofá peruano, cagándose de risa viendo el programa del tonto de Tinelli por el cable. Quiero ir a Barranco, a casa de mi tía, y, después de almorzar algo rico, que me cuente la película que vio el fin de semana. Yo quiero subir a un micro que me deje en casa de mi hermana en NJ, quiero ver a mi mamá con su radio a pilas, escuchando esas emisoras en español, porque mis sobrinas monopolizan los televisores con Nickelodeon y Cartoon Network. Quiero ver las caritas redondas de esas enanas y que me persigan con sus cosméticos de juguete, disputándose quién se encarga del peinado y quién del maquillaje. Y quiero volver a mi departamentito en Buenos Aires, así, peinada y maquillada por manitos de 4 y 5 años. Destapar un vinito y servir las dos copas.
No quiero estar tan lejos. Aunque son solo 4 horas de vuelo hasta Lima, y unas cuantas horas más hasta New Jersey, el costo de los viajes me mantienen 'alejada' la mayor parte del año y el corazón se me parte en tres. Si estuviera ahora en Perú, seguramente querría tomar un subte que me dejara en este barrio porteño, o querría bajarme una estación más adelante y llegar al zip code ese que nadie sabe que existe, excepto Steven que cantó ahí en el 2000.
Pero no hay combis, ni micros, ni subtes ni nada que viaje rápido y cobre poco.
Quiero teletransportarme. Y, ¡ya!, no más aeropuertos. Las despedidas serían menos dramáticas. Como en el mensajero online, Chau. Hasta mañana.

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lunes, diciembre 13

Borndiep

El 10 de diciembre pasado, llegó a Buenos Aires la doctora Rebecca Gomperts, fundadora de la ONG holandesa Women on Waves. Esta ONG promueve el empoderamiento de la mujer a través del ejercicio de sus derechos humanos, específicamente en el tema de salud reproductiva, llamando la atención sobre las consecuencias de un embarazo no deseado y la práctica de abortos clandestinos. Además de otorgar información sobre formas de prevención de embarazos, también ofrece la posibilidad de realizar un aborto de manera segura. Para ello cuenta con una suerte de clínica móvil, un barco que navega por distintos países europeos (hasta ahora), donde el aborto es ilegal o está permitido solo en situaciones donde la vida de la madre corre peligro, y permite que las mujeres que quieren practicarse un aborto puedan contactarlas, conocer sus opciones, y si deciden llevarlo a cabo, lo puedan hacer en condiciones de salubridad dentro del mismo barco, pero en aguas internacionales, donde la ley de sus países no tiene efecto. Hay que resaltar que los abortos en cuestión solo se practican en embarazos de 45 días o menos, pues solo tienen permiso legal holandés para este tipo de prácticas. El método: la ingesta de una píldora que induce al aborto, Mifepristone, y horas más tarde, se suministra otra droga, Misoprostol, que ocasiona contraciones en el útero.
Esta ONG trata, así, un tema controversial, que genera constantes enfrentamientos entre distintos sectores de la sociedad. Acá, en Argentina, el día de la conferencia de la dra. Gomperts, se suscitaron disturbios entre manifestantes antiabortistas. En Argentina, al igual que Perú, la práctica de un aborto no está penalizada, pero tampoco está permitida (con excepciones de caso vida-muerte). Esto implica que los abortos se realizan de manera clandestina, con todo el riesgo que ello implica. En países como Chile, Colombia y Brasil, el aborto es ilegal. Esto es, si se demuestra que una mujer se practicó un aborto, ésta irá a la cárcel.
El debate: ¿hay que priorizar el derecho a la vida de ese ser humano en gestación o hay que priorizar los derechos de la mujer?
Women on Waves no da la vuelta al mundo 'promoviendo el aborto' como muchos sostienen. La práctica de abortos es algo que se da, independientemente de si es o no legal. Es una realidad. Podemos no estar de acuerdo todos con la decisión de una mujer a terminar con la vida de un ser que se gestó dentro de ella. De hecho, yo no estoy de acuerdo. Creo que la vida humana es invaluable. Si alguien me cuenta que está pensando en abortar y me pregunta qué opino, probablemente le hable de la adopción y de que, para la próxima, sexo oral, sexo anal, masturbación o abstinencia, si realmente no quiere hacerse responsable de una vida humana.
Pero esto no implica que tengo derecho a imponer mi opinión a todos. Si alguien queda embarazada y quiere abortar, es su decisión y, aunque el aborto me parezca despreciable, creo que esa mujer debería de tener el derecho de realizar la práctica en condiciones de salubridad. Y de eso se trata Women on Waves. De hacer frente a una realidad. Bueno, la organización no juzga a las mujeres que las buscan, solo las asiste; yo acá me permito ser subjetiva y no puedo evitar soltar mis juicios de valor, aunque sé que no debería.

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jueves, diciembre 9

Comforting Sounds (Mew)

Hace varios días revisaba uno de los blogs que me entretienen, ahora que no veo tv, y encontré divertido el viejo posteo de una niña que se sorprendía a sí misma limpiando los baños del bar donde trabajaba, en un país europeo, tras pasar años en alguna universidad en Lima.
Hace poco, recibí mail de una amiga de la universidad que está ahora en París, estudiando, y para ganar algo extra, cuida niños. Me vino, entonces, a la memoria una conversación con otra amiga de la universidad que me decía que cuando se fuera del país (porque ahora todos se van, yo también me fui) a hacer un postgrado, estaba más que dispuesta a aceptar trabajos temporales del tipo: mesera, cuida-niños, pasea-perros, vendedora en una tienda por departamentos, cajera de supermercado, etc. Otro amigo, también de la universidad, está haciendo una maestría en Connecticut y me dice que aunque la beca le cubre el costo de la educación, alimentación, dormitorio y los libros, también estaba interesado en trabajar para tener dinero 'extra'.
Cuando tenía 17 años, aproximadamente (me da pereza sacar cuentas para determinar la edad exacta, pues no es relevante) estudiaba mi primer año en la universidad y tuve mi primer trabajo: representante de servicio al cliente en un local de Blockbuster Video. Eso no va en mi C.V.
Cuando tenía 20 ó 22 (otra vez, la pereza) me presenté a una entrevista en el Centro Cívico de Lima y le gané a un sanmarquino que tenía disposición total de tiempo (y yo, no). Era una práctica en la Superintendencia de Administración Tributaria, pagaban una miseria, y como muchos de los trabajos burocráticos del sector público, era comatosamente aburrido. Pero eso sí va en mi currículo. Un año después, obtuve una práctica como asistente de investigación por 3 meses en una institución en Pucallpa. Nunca había ido a la selva. Mi universidad tiene un programa de prácticas preprofesionales en provincias y mi plan era ir a Cuzco. Pero ese año las prácticas en Cuzco solo buscaban a contadores y administradores. Así que cuando me ofrecieron la práctica en Pucallpa, yo dije 'ya'. Tengo el recuerdo de los viajes en la 4x4 por los arcillosos caminos de la selva, las visitas a los agricultores de zonas ribereñas, el olor de la 'purma' en el ambiente, los mosquitos superpoderosos que me picoteaban a través de los jeans, burlándose de mi OFF!, el ruido de las mototaxis, los viejísimos micros sin ventanas, la música de 'la Chacra', la toada, el calor infernal, los juanes, el tacacho, el peque-peque, las ene 'San Juan' y las cremoladas de pomarosa y camu camu. Fue hace más de 5 años. También va en mi currículo.
Desde entonces estoy distanciada del mercado laboral.
Hace meses leí un artículo que decía que muchos profesionales jóvenes optaban por seguir un postgrado ante la falta de una propuesta laboral interesante (donde lo que la define como 'interesante' es algo, ya, subjetivo). La percepción general es que invertir en capital humano debería revertir en mayores rendimientos futuros: mejores puestos de trabajo, mejores pagos, etc. Yo intento no comprar ese discurso, aunque suena bastante razonable. Pero también encontré razonable invertir tiempo, esfuerzo y el dinero de mis padres en estudiar la carrera más difícil en la universidad más exigente, académicamente, de Lima. Y acá estoy, rellenando un vacío laboral en mi currículo con una maestría.
¿A falta de una propuesta laboral interesante? No. A falta de una propuesta laboral. Punto.
Al convertirme en egresada, salí a competir por un puesto de trabajo. Cuando eso no resultó, intenté conseguir una práctica. Ni eso. Si para un puesto tenía insuficiente experiencia, para el otro estaba sobrecalificada.
Como tengo muy poca paciencia y el orgullo demasiado hinchado para siquiera pensar en eso que las abuelas llaman 'empezar desde abajo', salí de Lima y su 9% de desempleo para venir a Argentina con su 12%. No es tan irracional como parece. Ah, eso espero. Si bien los motivos que me trajeron a tierras argentinas inicialmente no tenían nada que ver con la vida académica, luego descubrí que el costo de la educación superior es menor que en el Perú. Mucho menor. Aun así, no quería seguir dependiendo del bolsillo de mi padre. Pero pagarte una maestría, por más barata que sea, es difícil cuando no tienes ni trabajo ni ahorros. Y aquí es donde regreso a lo que había estado escribiendo al principio de este post; aprovechando la locura del consumismo navideño de ese país cuyos ciudadanos insisten en llamar 'America', convertí una visita a la familia en un retorno al mercado laboral no-calificado. Durante un mes, practiqué una sonrisa de plástico frente a extraños y solté frases como 'hi, how are you doing today?', 'if you need anything, just let me know', 'let me check if we have that size', 'thank you!' y usé un pin ridículo que decia GAP en letras blancas sobre en un fondo azul. Lo único bueno era el 'employee discount' (30% de descuento en Banana Republic y el 50% en Gap). No se lo conté a nadie. Pensaba que bastante hacía con doblegar mi orgullo de haber sobrevivido a los constantes filtros de esa universidad. Y no me sentía orgullosa de contarles mis novedades a mis amigos que trabajaban en E&Y, P&G, Merck, Apoyo o, mínimo, TdP. Una cosa es trabajar en Gap, Mc Donald's o Blockbuster cuando tienes 17 y estás empezando la universidad, otra es estar ahí ya como egresado y con veintimuchas velitas en la torta. Pero aunque son situaciones distintas, el volver al mercado de la mano de obra no calificada es más común de lo que yo creía. Me llegaron muchas historias similares de exalumnos de mi 'alma mater' que, así, sobrellevan la vida de estudiante de postgrado en el extranjero y que no voy a comentar porque me iría por las ramas.
[El título es el nombre de la canción (y de la banda) que estaba oyendo mientras escribía esto]

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martes, diciembre 7

μυωπία

Hace poco más de un mes me pegaron, sin querer, un golpe en el ojo derecho y con ello me obligaron a salir del falso autismo.
Como las casualidades son caprichosas, intento no comprar discursos vulgares, aun menos, frases del tipo 'por algo será'.
Pienso en el Count Basie Theater y yo en el año 2000. Y no me veo ahí, sino a un par de cuadras del lugar, desinformada, perdiendo el tiempo en esos cuartuchos virtuales, mientras Steven cantaba para mí: ...well, she has now gone from this unhappy planet, with all the carnivores and the destructors of it...
Pienso, ahora, en el Club Ciudad de Bs. As. y yo. Y esta vez sí estoy ahí. Cerati canta y yo decido irme a pasear. La señora Harry sale al escenario y yo regreso para verla (pensar que mi cuñado
ocasionalmente atiende en su trabajo a la mismísima, en persona, y yo estoy ahí en medio de esa masa de gente eufórica). Nada, ni una canción siquiera y, de pronto, el golpe. Lunita celeste salió volando, sin despedirse, y con ella perdí el placebo nuestro de todos los días.
Sin ganas, ya, de oir Heart of Glass ni nada, me fui a comer una pizza, tropezándome en el camino. Con el estómago lleno y el corazón descontento, volví para escuchar ...the tide is high but I´m holding on... Ajá.
Y lo esperé sentada en el piso, en esa niebla de colores y formas fuera de foco.
Llegó, cantó, se quejó, bromeó conmigo y se fue. Yo no pude ver casi nada y pensé en el Count Basie Theater.
Volví a casa, acosté a luna celestina en su cama y yo también me fui a dormir.
No fue sino hasta el siguiente día que me di cuenta. Ya no podía seguir entumeciéndome frente al televisor. Eso me perturbó. No se me ocurre mejor forma, aparte de dormir, de desenchufarme y no-pensar. Escucho mis propios pasos sobre el parquet del departamento. Creo que me oigo respirar, creo que siento mi sangre circular. Miro mi mano, la muevo y me doy cuenta de que tengo vida. Me asusta y me da un poco de asco, como ver un tazón lleno de gusanos. Me acuesto sobre la cama y veo la margarita de madera girar, incesante, sobre mi cabeza. La miro fijamente, o eso intento, y trato de no pensar en las voces en mi cabeza. Silencio.
Aun así, me las arreglo para hacer los trabajos, a última hora, como siempre, e ir corriendo bajo la lluvia para entregarlos.
Entonces, pienso en la gente que paga una moneda y se sienta frente a una pc, pienso en la gente que hace cola para sacar algún libro de una biblioteca, pienso en mi madre y el plato de sopa de col que no pretendo ni tocar.
Hoy venía en el subte y en el tramo que hay que caminar para hacer la conexión de la línea D con la E vi a un anciano tirado en las escaleras, con la mano extendida, mendigando una moneda. No le vi la cara, no solo porque -por ahora- no puedo sino porque no puedo.
La imagen borrosa la tengo en la mente y no la logro quitar.
Una niña de cabellos rojizos subió (al subte, al E) vendiendo agenditas del próximo año y, al tener esa libreta de tapas rosadas entre mis manos, con sus hojas en blanco, planchaditas, con el número impreso en letras grandes, 2005, sentí miedo y, a la vez, tristeza. Bajé y vine a casa, tropezando en el camino.


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