jueves, marzo 31

Vida

Estaba traduciendo unas cosas, cuando me enteré de la muerte de Terri Schiavo, la norteamericana en estado vegetativo cuyo caso ha desatado controversia si no en los Estados Unidos, en el mundo entero.
Mi compañero, que tiene un sentido del humor bastante negrito, me cuenta de la existencia de un plugin para firefox cuya función era avisar al usuario el anunciado deceso. Como él es periodista y sabe de estas cosas, me cuenta también que es normal que en los periódicos, ante la inminencia de una muerte anunciada de algún personaje, se tengan listos los titulares anunciando el triste suceso, desde antes que este sea un hecho. Vaya.

Los detalles sobre el caso de Terri Schiavo pueden encontrarse en cualquier medio, en estos días. Me parece innecesario pegar aquí links. De todos modos, este no es un blog periodístico, sino personal. Pero cuando me enteré de la muerte de la Schiavo, no pude evitar hacer click en el sitio de CNN, tal vez uno de los medios más conservadores. Abundan las notas e imágenes de tristeza y dolor tanto de familiares como de algunos solidarios. Entre ellos, los 'manda más', la gente en el poder. Hace unos días, en ese ritual del desayuno-en-la-cama-viendo-las-noticias del que hablé en el post anterior, pude ver a Jeff Bush disculpándose públicamente por no poder ayudar a la familia de Terri. Y luego las obvias conjeturas, ¿cómo un gobierno tan conservador iba a dejar que la vida de un ser humano se extinga sin poder intervenir en el proceso?

La vida de un ser humano.

Este es el punto en el que muchos discernimos.
Siempre pensé que todos estábamos de acuerdo en que la vida humana es invaluable e intocable. Sin embargo, no había caído en cuenta de la ambigüedad dentro de la expresión.
¿Alguien tiene claro qué define la vida humana?
¿Estar vivo es estar consciente?, ¿es tener algún tipo de poder (poder en el sentido básico del verbo, es decir, poder pensar, poder sentir, poder manifestarse, etc.)? ¿o simplemente es eso que en la Biblia tan coloridamente se define como 'un soplo', voluntad de un Dios, en fin, figuras varias que intentan explicar eso que hace que la sangre fluya por nuestras venas, incesante, aun cuando estemos en una situación extrema como estar confinados a una cama, en estado vegetativo?
Los padres de Terri Schiavo, imagino, lucharon por amor, porque mantenían la esperanza de que su hija superara un estado que muchos especialistas consideraron irreversible.
El esposo de Terri, junto con el juez que decidió que se le cortara el suministro de alimento y agua que recibía a través de una sonda, sostenía que el daño cerebral de Schiavo era tal que no había manera de recuperarla. En ese caso, prolongar artificialmente su existencia era no solo inútil sino doloroso, para todos. ¿Eso es o no es vida?

El daño cerebral de Terri fue causado por una falta de oxígeno en el cerebro que resultó de un desequilibrio de potasio en su sistema. El motivo, recién me enteré hoy de esto, Terri tenía desórdenes alimenticios, bulimia, para ser exactos. Y yo justo hablando de desórdenes en el post anterior. Casualidad.

En el número 1866 de la revista peruana Caretas, encontré una columna titulada El señor de los Colmillos cuyo tema fue el suicidio y la eutanasia. [Nota: hay que registrarse online para acceder a los artículos de la revista, pero es gratis y solo toma unos minutos.] En él, y con esta idea termino el post ya que últimamente se me da por irme por las ramas de las ramas y no termino nunca, se sugiere la idea de que la decisión sobre el fin de una vida humana es una cuestión de poder. En realidad, el texto gira alrededor de la trama de la película Mar Adentro, la cual aún no vi, que trata sobre el derecho de una persona de decidir el momento de su propia muerte, ante situaciones muy particulares. Concretamente, se realiza el siguiente planteamiento:
"La pregunta final de toda esta antigua polémica es, naturalmente, ¿quién es dueño de mi vida? Para los religiosos, Dios. Para la mayoría de los gobernantes y legisladores, el Estado. Para algunos (me cuento entre ellos), yo y nadie más."

Insisto, no nos ponemos de acuerdo.

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martes, marzo 29

¡come!

Mis hábitos alimenticios me obligan a empezar el día con un sólido desayuno. Generalmente, yogurt con cereales o un jugo de naranja o pomelo, un tecito con limón y miel o un café cortado, que acompañan las tostadas o piezas de pan con mermelada y queso crema o el omnipresente y sacro 'dulce de leche' porteño. Desayuno en la cama, mientras veo las noticias y luego protesto por las miguitas esparcidas entre las sábanas. Pensar que mi madre no me dejaba siquiera oler una galleta sobre o cerca de la cama. La cena también suele ser 'elaborada'. No abundante, como para pasar horas despierta masticando tums (antiácidos), sino de elaboración más minuciosa. Cocino, o sea. No sé hacer muchas cosas, pero cuento con libritos de cocina y, desde ya, con la valiosa herramienta de internet de banda ancha. Me parece interesante abrir la refrigeradora y sacar de ella, por ejemplo, una manzana, un pedazo de pollo, una cebolla y pensar que ello se convertirá en mi cena. Picar todo, poner una olla al fuego, agregar un poco de curry, un chorrito de miel, caldo de verduras y un toque de harina salpimentada y observar cómo los ingredientes se fusionan armoniosamente. El almuerzo, en cambio, es cualquier cosa. A veces, meto un tupper al microondas con lo que sobró de la cena de la noche anterior y en dos minutos tengo almuerzo. Otras veces, cuando tengo un poco más de paciencia, preparo algo para mí misma. Almuerzo sola. Usualmente, solo atino a abrir el congelador, sacar algunas papas prefritas y bocaditos de pollo y los meto en el horno eléctrico. Comida chatarra. Hoy, por ejemplo, no tenía ganas de esperar esos 20 minutos que demora el hornito en convertir esa comida congelada en algo comestible, así que, bah, un mini-sandwich de queso, una taza de pop corn y algo de coca cola fue mi almuerzo.

Hace unos días leí por ahí (¿alguna revista para mujeres tontas? ¿el diario Clarín? me falla la memoria ya) un artículo sobre la supuesta anorexia de la princesa de España, Letizia Ortiz. Tal parece que cuando algunos medios no encuentran nada mejor de qué hablar, empiezan a 'sugerir' información posiblemente cierta (¿chismes?). Que 'el mal de las princesas' esto, que miren que la princesa Victoria de Suecia aquéllo y no olviden el sonado caso de la princesa Diana y su lucha contra la bulimia. Bla.
Finalmente, la casa real española emitió un comunicado desmintiendo la noticia, para que el mundo dejara de señalar con el dedo a Letizia. Qué tal lisura. Faltaba más.
Y es que, es cierto, es fácil señalar con el dedo a alguien que sufre o parece sufrir un transtorno alimenticio. Tan fácil como abrir una revista y encontrar una figura sílfide que te hace sentir 20 kilos más pesada.

A mí también, un día de 1995, se me ocurrió dejar de comer. Así nada más. Declaré la guerra a la comida y la convertí en el indeseable enemigo. Y cuando digo indeseable, es porque lo era. Entonces, pasaba días, semanas, comiendo una extraña dieta de una manzana por desayuno, otra por almuerzo y otra por cena. Eso, tres manzanas al día. Y agua. Solo eso. Me pesaba todos los días y siempre tenía 'un kilo más, el último' que perder. Los comentarios preocupados de mis amigas y de mi madre me entraban por una oreja y me salían por la otra. Pesaba 46 kilos y me seguía viendo 'gorda' al espejo. Menos gorda que antes, pero gorda al fin. Dejé de menstruar y se me caía el pelo. Al final, de alguna forma, escapé de las garras de la anorexia. No fue tan grave, creo. Ahora leo historias de mujeres que cayeron en la anorexia por trastornos psicológicos diversos tan graves que, en comparación, yo estaba tan saludable como Heidi saltando en las montañas de los Alpes. Otra cosa que me llamó la atención es que las víctimas de anorexia esconden sus escuálidos cuerpos en ropa ancha y no se sienten lindas. Algo que la casa real española utilizó como argumento para defender la salud de Letizia, pues la princesa usa hermosos trajes que resaltan su figura. En mi caso, sin tener la belleza de Letizia, confieso que nunca me sentí 'mejor' que cuando tenía 46 kilos. Físicamente, estaba hecha mierda, más débil, sufriendo de amenorrea, etc, pero lejos de pensar en esconder mi cuerpo, lo mostraba. Podía ponerme ropa linda y sentirme 'casi' bien conmigo misma. Digo 'casi' porque siempre había algo o mucho que mejorar. Pero de ahí a usar ropa ancha, jamás. Había perdido más de 10 kilos y estaba orgullosa por mostrarlo.
Pienso que estas líneas son, tal vez, lo último que un psicólogo quiere que lea su paciente de anorexia.
Ahora, con esos 10 kilos (¿y más?) otra vez encima, me veo y pienso 'yuck'. Pero no volvería a la locura de las tres manzanas. Entiendo que es peligroso empujar el equilibrio de la salud al límite. Incluso mi lado frívolo tiene sus momentos de sensatez.

A veces, cuando voy a casa de mis suegros sufro una suerte de shock cultural. Y es que sus hábitos alimenticios son tan distintos. Por ejemplo, el desayuno para ellos es tomar el mate con un par de galletitas. Yo me quedo de hambre y extraño el pan. Luego, la hora del almuerzo es interrumpida por la costumbre de tomar un aperitivo, el Vermouth. ¿Tomar agua (o cualquier líquido, para tal caso) antes de la comida no estropea el apetito, digo yo? Después, el asado, una
institución argentina, los gruesos trozos de carne dorándose en la parrilla.
Tan rica que logró que yo volviera a comer carne, después de varios años de renunciar a ella, antes que por convicciones vegetarianas, por malcriadez, lo confieso. Comen la carne sola. Y entonces yo extraño el arroz. Las papas. Ensalada. ¡Algo para acompañar la carne! Y, después de almorzar, el café. Y mi hígado se desmaya de solo planteárselo. Como sea, está bien difícil que yo recaiga en la anorexia.

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martes, marzo 22

m&m (sobre Morrissey y misoginia)

Fue amor a primera vista. Mejor dicho, a primer oído: me pasa eso solo con la música.
En las relaciones personales, jamás experimenté algo que se parezca a eso que llaman 'amor a primera vista'. Mis mejores amigos (y etcétera) empezaron en frío. Ni miradas profundas, ni pupilas dilatadas, ni cosquillas en el estómago (ni en ningún lugar). Me toma un tiempo enamorarme de alguien. Me toma un tiempo desenamorarme, también.

Era verano de 1992 y yo tendría unos 15 años cuando estaba con el control remoto en la mano, haciendo zapping, y lo encontré: Steven, joven, delgado, rodeado de flores, bien al mohawk, cantaba I would go out tonight, but I haven't got a stitch to wear...
La canción me golpeó, en esa forma que a veces veo en las películas que el amor golpea a dos desconocidos que se encuentran por primera vez.
Y por varios días, sintonicé el mismo canal con la esperanza de volver a ver el video y no sabía qué grupo era, ni cómo se llamaba aquel delicado hombrecito, ni siquiera entendía lo que decía. No importaba. Estaba flechada.
moz

Poco después el misterio se disipó: se llamaba Steven Patrick Morrissey, la banda era The Smiths y la canción del video, This charming man.
Solo había oído una canción y eso era suficiente para saber, con una certeza que asusta, que me gustaría todo lo demás. Sí, todo. La discografía completa.
Entonces me pasé los siguientes meses preguntando por aquí y por allá. Había terminado el colegio y estaba en la pre. En los 90, era común que las universidades tuvieran escuelas preuniversitarias.

Pero,
¿Qué tiene que ver Morrissey con la misoginia, aparte de compartir la primera letra?
Nada. Absolutamente nada.
Solo se relacionan en mi mundo. Son paralelos. Nada más.

Los primeros 15 años de mi vida estuvieron definidos por figuras femeninas. Mi hermano se fue de la casa cuando yo tenía unos 6 años. Mi padre siempre estuvo un poco ausente. Mi abuelo estaba, pero en breve se refugió en su mundo fantástico. Mi colegio era mixto, pero la proporción mujeres/hombres era de 5 a 1. Viví rodeada de mujeres. Aprendí a amarlas, respetarlas, comprenderlas, malditas, aprendí a odiarlas, aprendí a temerles.
Yo soy de las que no dudan en saltar a recitar el verso de la igualdad de derechos y deberes entre géneros. Creo en esa igualdad como un ideal. Pero no creo en la igualdad de géneros. Hombres y mujeres son muy diferentes. Más allá de las obvias diferencias físicas, más allá de las diferencias culturales, en esencia, los sexos son diferentes. Esto que digo es puramente intuitivo, no soy capaz de definir algo tan complejo como puede ser la esencia de un género particular.

A mediados de 1993 ingresé a la universidad. Tenía 16 años, era joven, ingenua e impetuosa y estaba decidida a desechar toda posibilidad de relacionarme con más mujeres. Estaba harta de ellas. Me sentía mucho más cómoda entre hombres. Encontraba que eran mucho más simpáticos, divertidos, espontáneos, interesantes. Al menos hasta que se daban cuenta.
['Darse cuenta' apesta.
Abrir los ojos y notar algo de lo que no eras consciente antes es una verdadera mierda]

La casualidad (estoy convencida de que no es otra cosa más que eso) ha decidido que mis amigos de la universidad se dividan en dos grupos: los gay y los straight con los que tuve problemas de tensión sexual. Odio a la gente que dice que 'un hombre y una mujer no pueden ser amigos sin que el sexo se interponga, blablabla'. Pasa también que odio esas frasesitas prefabricadas, cliché, esto ya lo dije antes, pero viene al caso. Tengo amigos, que no son de la universidad, con los que no hay, hubo ni habrá tensión sexual alguna. Como prueba empírica, para afirmar lo de la 'casualidad', me basta.
Un buen día, uno de estos niños de mi etapa misógina se apareció ante mí con un cassette de Morrissey, justo cuando me estaba dando por vencida (ninguna de mis amiguitas de la pre, ni del colegio me daban pista alguna sobre el moz). Descubrí que era cierto lo del flechazo con This charming man, lo que presentía, que me gustaría cualquier cosa que cantara el chico del jopo.
[Si algún fanático de The Smiths lee esto y se jala los pelos -horrorizado- ante mi aparente descuido al hablar de Morrissey y The Smiths como si fueran lo mismo, o equivalentes, shhh]
Lo que pasó con ese niño, no viene al caso. Solo me basta con recordar que no era del grupo de los gay y que me permite respaldar mi hipótesis sobre la inexistencia de algo tan absurdo como 'amor a primera vista', cuando lo realmente peligroso es el amor a enésima vista.

Eventualmente, el experimento 'infiltración de Lulu en el club de Toby' llegó a su fin.
lulu
Lulu volvió con Anita, Gloria y las demás chicas que a veces la aburren con sus juegos tontos. De cuando en cuando, Lulu mira con nostalgia la casita de madera que sostiene el letrero 'no se admiten mujeres'.

-will nature make a man of me yet?-

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lunes, marzo 21

Making of: Hello Kitty (proyecto de reciclaje)

uno: Kitty desmembrada.

making of: rag Kitty


dos: Kitty terminada.

rag Kitty. All done.


tres: Kitty en mi futón.
(las fundas de los almohadones las hice yo)

Little Kitty, sitting pretty

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sábado, marzo 19

stuff

He ido de compras. Tengo tres trabajos pendientes sobre políticas sociales, trabajos cuyas fechas se acercan peligrosamente, y yo he ido a Once* a comprar tela e hilo para mi nuevo proyecto, fundas para los almohadones de mi futón.
Cuando era chica me gustaba entrar al cuarto de costura de la tía Irma. Tenía una ventana enorme que daba a una calle barranquina y me pasaba horas entretenida, jugando con retazos de telas de diferentes colores y texturas. Me encantaba curiosear en su vitrina ordenadísima. Había clasificado sus revistas japonesas, las de crochet (ganchillo) por acá, las de muñecos de tela por allá. Sus Burda alemanas tenían su propio estante. Uno de estos estantes tenía una pequeña ventanita corrediza que guardaba frasquitos de vidrio llenos de botones. También, clasificados. Botones de madera, botones antiguos, botones de metal, botones de bebé, muchos, muchos botones. Parecían caramelos. Frente a la vitrina, la Singer todopoderosa. Sobre ella, algunos proyectos a medio hacer.
Una vez mi hermana me encontró sentada en el piso de ese cuarto, hojeando una Ondori, una revista japonesa para hacer muñecos de tela. Entonces, me preguntó si quería hacer una muñequita y yo le dije que sí.
De entre las cosas de la tía, escogimos unos retazos de tela, un poco de algodón y lana para el pelo, tomamos tijera, aguja e hilo y nos pusimos a trabajar juntas.
Al rato, enseñamos con orgullo nuestra obra maestra, una muñequita de unos 10 centímetros, con rulitos rubios y un vestido celeste.
Poco después, fuimos a la calle Capón a comprar mi propia revista Ondori.
Le enviamos a mi hermano un muñequito para su auto. Luego él nos envió la foto, desde New Jersey, del muñequito colgado en el espejo retrovisor.
Un día, cuando tenía 8 años, mi hermana también emigró a New Jersey y a mí me dio ataque.
(Y es que creo que, en mi infancia, yo tuve tres figuras maternas: mi madre, mi tía Irma y mi hermana).
Se llevó todas las muñequitas. Hasta ahora las tiene. Creo que las heredó mi sobrina.
Desde entonces, la confección de muñequitas se volvió una empresa independiente.
Cuando estaba en el colegio seguí haciendo muñequitas y las regalaba. También aprendí a tejer a palito y a crochet. En la universidad, hacía moñitos (yo ahora les digo moñitos, pero creo que les llaman 'colettes' o algo así) a crochet y mis amigas me los pedían prestados para no devolverlos más.
En el 2001 hice mi última muñequita. La puse en una cajita y la fleté a New York, como regalo para mi ex. Todavía no era mi ex.
He traído de Lima mi libro japonés y mis telas para que, cuando volvieran las ganas, pudiera volver a tomar aguja e hilo y coser brazos, pies y caritas.
Pronto, pronto.
ondori doll

Ahora ando buscando en ebay un libro de Ondori que me falta. No lo encuentro. Solo hay libros de crochet, que ya no recuerdo cómo manejar, mucho menos los palitos. Pero me gustaría recordar. Me tejería una bufanda. He visto lindas lanas hoy en Once*.

*Once es una zona comercial del barrio porteño de Balbanera, conocida por concentrar tiendas de ropa, telas, cotillón, entre otras curiosidades.

Note to myself: should put an end to procastination, soon.

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viernes, marzo 18

San Patricio.

El 17 de marzo se celebró en muchos puntos del globo el día de San Patricio, el santo patrono de los irlandeses, conocido por haber llevado a Irlanda el cristianismo.
Además de los coloridos desfiles y los servicios religiosos, la fiesta es célebre por congregar masas de gente que, con similar devoción, rinden culto a una de las bebidas favoritas del mundo, la cerveza.
La primera vez que supe de la existencia del día de San Patricio, tenía 12 ó 13 años. Había ido con mi madre a visitar a mi hermano, que vive en New Jersey. Era marzo y me pidieron que me pusiera algo verde. Lo siguiente que recuerdo es el desfile de carrozas en las calles, el frío, los niños con tréboles pintados en la cara, los caramelos de color verde, las cheerleaders con sus minifalditas verdes, saltando y sonriendo, a pesar de la nieve, los pompones verdes agitándose y el sonido ceremonioso de las gaitas que tocaban esos hombres con faldas llamadas kilts.
Años después, ya alcanzada la mayoría de edad, los paseos a los desfiles se convirtieron en visitas a los bares, y cambié los chupetines verdes por los vasos de cerveza verde. Interesante.
Ayer, a pesar de los mocos y la congestión (me he resfriado), me levanté de la cama y me fui a mirar cómo celebran los argentinos el día de San Patricio.
Esta vez no me puse nada verde. Eso sí, me puse una cadenita con una medalla de un símbolo irlandés, el claddagh, un par de manos que sujetan un corazón, una señal de amistad y amor.
saint Patrick's day in Argentina
En el centro de Buenos Aires, en el barrio de Retiro, una calle concentra los bares irlandeses (e ingleses) de la zona, la calle Reconquista. Hay otros bares, en otras calles, pero es que esa es la calle. Incluso, el gobierno de la ciudad había dispuesto que esta calle estuviera cerrada al tránsito vehicular y había puesto urinarios públicos, para permitir que la gente pudiera celebrar el día (la noche, en realidad) con tranquilidad.

Yo solo quería observar un poco, tomar alguna Killian's Irish Red y volver a casa. Era relativamente temprano, alrededor de las 9pm, y el lugar parecía la antesala de un concierto, las calles aledañas ya estaban bastante 'pobladas' de gente, cerveza en mano. Las pistas estaban sucias, era difícil caminar sin pisar un vaso gigante de plástico o patear una botella vacía. Había gente sentada en las veredas, con o sin polos verdes, conversando y compartiendo six packs.
st. Patrick's day in Argentina
En Reconquista era difícil caminar. Era un mar humano. Había cola para entrar a los bares. En los locales y en las calles no se encontraban, casi, decoraciones alusivas a la fecha. Yo esperaba un poquito de la extravagante parafernalia yankee, pero esto es Argentina. Vi un par de simpáticos duendes a la entrada de un bar y eso fue todo. La gente tenía vasos enormes de cerveza Quilmes, la cerveza local. Vi gente aglomerándose alrededor de un quiosco callejero. Vi Heineken, vi Brahma, vi Warsteiner, vi cualquier cosa menos una Guinness.
Dicen en la tv que ayer asistimos 50 mil personas. ¿Tantos?
saint Patrick's day in Argentina


Update (23-03-05):
anoche vi en el noticiero un breve informe acerca de las celebraciones del día de San Patricio en la capital porteña. Yo me fui temprano del lugar. Demasiada gente. Me da nervios. Lo que vi en la tv fue, por decirlo suavemente, inquietante.
Para empezar, el reportero comenzó a preguntar a algunos asistentes si sabían quién era San Patricio. Respuestas, para todos los gustos: desde el tipo que llevó la cerveza a Irlanda, ¡y por eso lo hicieron santo!, pasando por un duende, ¿no?, hasta un sincero pero brutal no sé, boludo, yo solo pasaba por aquí y vine a ver qué onda.
Imágenes de jóvenes bebiendo cerveza de un bidón (¡!)
Luego, las consecuencias del consumo excesivo de alcohol se hicieron evidentes:
Escenas de chicos pogueando al ritmo de ...jazz. (?¿)
Un chino, dueño de un minimarket, caminaba con la cara ensangrentada por los botellazos que recibió por parte de algunos enardecidos y alcoholizados visitantes.
Finalmente, el descontrol.
Los agravantes: la escasez de cerveza y los intentos de saqueo.
Imágenes del fin de la fiesta: la intervención de la policía, enfrentamientos, botellas de vidrio volando por los aires, palos y gases lacrimógenos.
Menos mal que me fui temprano.

P.S. Aquí, un fotorreportaje del diario local Clarín.

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martes, marzo 15

Puzzles

Nunca me gustaron los deportes. No entiendo por qué en el colegio me obligaron, año tras año, a llevar ese curso llamado "educación física". Yo lo odiaba y me hacía la enferma todo el tiempo. Me salía bien. Un tiempo después, tropecé con la simpática -y familiar- escena de la serie animada Daria en la que la misma recibe algunos pelotazos al mantenerse de pie, inmóvil, totalmente apática, en medio de uno de esos juegos "de equipo" que involucra una pelota.
Entonces, mis juegos infantiles tenían muy poco que ver con pelotas y sudor.
Rebuscando en mis recuerdos, y no tengo que hurgar mucho, encuentro que me encantaban las acuarelas. Me moría de felicidad pintando las paredes de mi casa, aunque luego me retaran. También me gustaba jugar con plastilina. Modelaba figuritas y me largaba a llorar cuando alguien me las aplastaba. Construía hermosas casitas con legos y pensaba que cuando fuera grande sería arquitecta.
Luego crecí y dejé de lado todas esas cosas. Casi.
Mis lápices, limpiatipos, mis cuadernos de dibujo y acuarelas están olvidados en un cajón de escritorio. Lejos de mí.
La plastilina, los legos y mis sueños de ser arquitecta sufrieron el tratamiento snob.
Pero aún conservo el gusto por jugar jacks.
Me gusta ir levantando del suelo cada pieza, ordenadamente, sin errar, balanceando la pelotita en el aire. Mi hermana me enseñó a jugar; un día me sentó en el piso y sacó esas piezas multicolores. Luego me mostró la pelotita de goma. Se sentó frente a mí y se puso a jugar. Yo la observaba. Aún ahora utilizo la mano izquierda para jugar, pues por un problema de perspectiva visual, a pesar de ser diestra, aprendí a jugar con la izquierda.
También me gustan los rompecabezas. Tenía uno de mil piezas. Era un mapa de los Estados Unidos decorado con caricaturas. Me lo había traído mi madre en la maleta. Y me gustaba.
El otro era uno de dos mil piezas, un castillo o algo parecido. Ese me gustaba menos. No tenía dibujitos. Y a los 8 años, los dibujitos son muy importantes. Además, le faltaban dos piezas.
Los desparramaba todos sobre la mesa del comedor, como los jacks sobre el piso, y me pasaba horas, días, armándolos.
En 1995, cuando me compraron mi primera pc, caí en las garras del tetris. Las piezas caían y yo las ordenaba. Me iba a dormir y las piezas seguían cayendo en mi cabeza, como un caño que gotea, drip, drip, drip, así caían las piezas multicolores. Y yo las atrapaba todas.
Hace poco, encontré un software que te permite crear rompecabezas online. Con él hice el nuevo header de este blog. Te permite definir la imagen, el número de piezas y el tamaño, aunque con algunas limitaciones (muy normal entre los software gratis en la web). Por cierto, la imagen de mi header es una muñeca Blythe, otro más de mis caprichos.
Pero no sé manejar bicicleta, mucho menos, puedo pararme en patines y tampoco sé nadar.
-I'm a dork-

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lunes, marzo 14

pilas!

Estoy bloqueada. Otra vez.
1999. Cuando mis competitivos amiguitos de la universidad solían encontrarme tonteando con los libros de economía en esos salones del quinto piso, con esas cero ganas de estudiar y atormentada por la idea de haberme metido -por voluntad propia- en esa pesadilla, me volvía loca de odio cada vez que abría la boca y les confesaba mis miedos, a lo que ellos respondían con una frasesita odiosa: ponte las pilas.
Mierda.
Yo creo que cuando no entiendes el rollo de alguien, como gesto humanitario, lo mejor que puedes hacer es callarte la bocota y solidarizar, así, en silencio. Suficiente.
Nunca capté el concepto de 'ponerse las pilas', pero entiendo la buena intención detrás del 'consejo'. Las ganas de los demás de verte funcionando como un engranaje más y que dejes de penar por ahí con la mirada perdida, inactiva, casi al borde del coma.
Pero,
¿qué es 'ponerse las pilas'?
¿dónde carajos consigo pilas?
La metáfora me parece absurda. El 'no tener pilas' no es una decisión caprichosa y no debe ser tratado tan a la ligera. La poco ingeniosa frase no genera ninguna reacción en mí. O, ¿qué crees?, ¿que porque la sueltas yo voy a despertar del letargo y todas esas nubes negras van a disolverse?
Lo único que gano es esa sensación de soledad e incomprensión que me invade mientras sueltas tu inútil sermón. Ya no te oigo. Blablabla.
2005. Este fin de semana me preguntaron 5 veces 'qué tal las clases' (de maestría) a lo que yo respondí que terminaron el año pasado. Me preguntaron, entonces, 'qué estoy haciendo'.
¿Cómo explicarles que, en mi vida, otra vez es 1999?
Entonces abro la boca y digo que aún me falta trabajar en la tesis y que estoy buscando trabajo.
Y me muero de miedo de que me vuelvan a decir ponete (ponte) las pilas.
Habría que banear esa expresión estúpida de nuestro vocabulario.

Note to myself: this is my blog and, still, I manage to censor myself. Why?

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viernes, marzo 11

c-e-l-o-s

Hace unos días pensaba en esa mezcla de angustia, temor y odio que conforman los celos.
El diccionario lo define así: Recelo (temor o sospecha) que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro.
Es curioso, quisiera creer que los celos son consecuencia del proceso de aprendizaje social al que todos estamos expuestos (por vivir en sociedad), pero no. Los celos son más instintivos.
Ocasionalmente, los bebés sufren celos de la madre, su primer amor.
Lo que sí aprendemos es a manejar la manifestación de los celos. Y ahí cabe cualquier cosa: desde la negación total (de su existencia), indiferencia, hasta los extremos vehementes, los arrebatos, la locura.
Justamente esos 'extremos' son los que me intrigan. Y más que intrigarme, me enoja que la 'ausencia de celos' se relacione comúnmente con un mayor grado de madurez, racionalidad, ecuanimidad. Y me perturban los Otellos del mundo. Encuentro entre paradójico y absurdo que alguien mate al objeto de su afecto, por celos. Si ama tanto a esa persona, ¿por que -mejor- no matar al intruso? o ¿por qué no matarse a sí mismo? ¿por qué es preferible matar justamente a la persona que ama?
El delirio: los celos 'infundados'.

Una cosa es sentir celos de la coqueta compañerita de trabajo de tu novio, o del mejor amigo de tu esposa, ese que siempre la hace reír; otra cosa es sentir celos de un desconocido en la calle, o de la 'ex' de tu marido, a la que no ve hace años, de la que nunca habla, y, el colmo, ¿qué es eso de agarrarle bronca al lejano artista por el que tu fiel compañerita suspira en silencio?

Lenny Kravitz

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miércoles, marzo 9

about Southpark

my southpark character
Crea tu propio personaje de Southpark, aquí: http://www.planearium2.de/flash/spstudio.html

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martes, marzo 8

.....

Hoy llueve y llueve sobre Buenos Aires.
Y hoy es el día de la mujer.
Hace 22 años, murió la compositora peruana Chabuca Granda.
Y hace 22 años yo tenía 6 años. El 8 de marzo de 1983 era un día martes, como hoy, y yo estaba en el patio de mi colegio, formando obedientemente la fila matutina, mientras en mi cabecita sonaba -persistentemente- la flor de la canela, cuando un hecho me distrajo: hacia mi derecha, un niño muy blanco y lleno de pecas vomitó tres veces en medio del patio, en plena formación.
Yo lo miraba fijamente, perpleja, hasta que la buena de la miss Bertha apareció y se lo llevó, dejando aquel charco blancuzco olvidado, abandonado.
Hace 22 años. Y ese es mi recuerdo.

(PJ Harvey - My beautiful Leah)
Did you see her walking?
Did she come around here, sir?
Black hair, brown eyes
My beautiful Leah
She was always so needing
Said, ’I have no-one’
Even as I held her
She went out looking for someone
She only had nightmares,
And her sadness never lifted
And slowly over the years
Her lovely face twisted
Did she come around here, sir?
I swear you would remember
Black hair, brown eyes
Late september
October
November
December
It never leaves my mind
The last words she said
’if I don’t find it this time,
Then I’m better off dead’

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viernes, marzo 4

disorders I

Ayer fui a ver The Aviator, la película que trata sobre la vida del millonario Howard Hughes.
Más que comentar si me gustó o no la película, los efectos especiales o la actuación de Leonardo di Caprio, prefiero tocar el tema de los transtornos psicológicos del protagonista que quedaron expuestos en el filme.
Howard Hugues, fue un exitoso hombre de negocios, conocido también por su afición a las películas, a los aviones y por sufrir de una enfermedad conocida como desorden compulsivo-obsesivo (obsessive-compulsive disorder, OCD).
Las obsesiones constituyen persistentes pensamientos recurrentes, impulsos o imágenes que generan ansiedad en la persona que sufre de este problema. Este es capaz de reconocer las obsesiones que son producto de su mente y trata de suprimirlas o neutralizarlas con otros pensamientos o acciones excesivas o inapropiadas y que adquieren un carácter compulsivo.
Una de las escenas de la película muestra a un perturbado Howard Hughes, abriéndose paso entre la multitud y los flashes de los fotógrafos, durante el estreno de su película Hell's angels. Cierto es que a nadie le gusta estar en medio de una masa de gente, es una situación por lo menos 'molesta' para la mayoría. Pero es difícil imaginar el malestar que experimenta una persona que carga encima una fobia (o más). En el caso de Hugues, fobia a la contaminación. En la escena, notamos su silencioso sufrimiento interno, su esfuerzo por aparentar normalidad.
Algo que caracteriza a las personas que sufren de OCD es su tendencia a desarrollar rituales para acciones cotidianas, por ejemplo, lavarse las manos un número determinado de veces. En el caso de Hughes, no realizaba estos rituales por sí mismo, sino que daba instrucciones precisas a sus empleados acerca de cómo tenían que alcanzarle ciertos objetos.
Por ejemplo, para alcanzarle una cuchara, sus empleados tenían que envolver el mango en papel tissue y sellarlo con celofán. Luego, se debía envolver otro pedazo de papel tissue sobre el celofán. Hugues no removía estas envolturas.
Las obsesiones y compulsiones suelen ser difíciles de resistir y cuando esto se consigue, generalmente es por poco tiempo. Consumen mucho tiempo de la vida diaria de la persona que sufre el desorden, interfieriendo con su trabajo, familia y las relaciones personales. Muchas veces, el desorden está acompañado de cuadros de depresión y ansiedad. Algunas personas recurren al alcohol y a la automediación para sobrellevar el problema.
En el caso de Hughes, este termina aislado del mundo exterior, convertido en una suerte de ermitaño. Murió en 1976. En su autopsia, encontraron restos de agujas incrustados en sus brazos, saldo de su adicción a la codeína, un analgésico usado para tratar el dolor.

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jueves, marzo 3

La foto de hoy


mi refri
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miércoles, marzo 2

Nocturnas

Soy adicta al diccionario de la Real Academia (de la Lengua Española).
Hoy quería hablar un poco sobre las nocturnas. Esas delicadas y 'oscuras' piezas musicales.
Pero las definiciones del DRAE no me fueron suficientes:
nocturno, na. (del lat. nocturnus)
1. adj. Perteneciente o relativo a la noche.
5. adj. Que anda siempre solo, melancólico y triste.
7. Mús. Pieza de música vocal o instrumental, de melodía dulce, propia para recordar los sentimientos apacibles de una noche tranquila.
8. Mús. Serenata en que se cantan o tocan composiciones de carácter sentimental.

Así que, buscando, llegué a answers.com y, entre todas las explicaciones, estas me parecieron más cercanas a lo que yo buscaba expresar:
1. Según The American Heritage® Dictionary of the English Language, las nocturnas son composiciones intrumentales de carácter melancólico y soñador, especialmente para piano.
2. Según The Columbia Electronic Encyclopedia, las nocturnas son piezas instrumentales románticas, libres en forma y, usualmente, reflexivas o lánguidas en carácter.

Inspiradas por la noche, las nocturnas son maravillosas.

Frederic Chopin (Fryderyk Franciszek Chopin), compositor y pianista polaco, es tal vez el más famoso exponente de este estilo.
Frágil, sensible y tímido, este genio creativo recogió la forma -y la adaptó a su estilo- del músico irlandés John Field, el 'padre' de las nocturnas.
Chopin, amante de la célebre escritora francesa George Sand, murió en París, enfermo de tuberculosis, el 17 de octubre de 1849. Tenía 39 años.

Las nocturnas de Chopin son muy expresivas. Arrastran ese tono impetuoso, sombrío y sentimentaloide, también cargado de inocencia, melancolía y sufrimiento, como el quejido de una criatura enferma.
Con las nocturnas no caben intermedios, o las amas o las desprecias.
Los detractores de Chopin dicen que su obra es grosera, exagerada, que va más allá de lo delicadamente estético; pero ese 'exceso' es precisamente lo que nos fascina.
Yo las encuentro mortalmente deliciosas.
Como muestra, pegaré en mi radioblog mi nocturna favorita, Nocturne in E-flat, Op. 9, N°2, una pieza que tiene esos tiempos suaves, casi tímidos, que preceden a la tormenta dramática, intensa, apasionada y desgarradora. Como observar a alguien meter el dedo en la llaga y sonreir de placer. Así de perturbador.

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happy birthday, yahoo

Yahoo, uno de los portales de servicios más populares en el mundo, cumple 10 años y lo celebra con heladitos.
Los usuarios registrados pueden hacer el download del cupón aquí para canjear gratis un conito en cualquiera de los locales de Baskin-Robbins en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Korea, Australia y Puerto Rico.
Lástima que acá en Sudamérica no nos toca nada, ni romper la piñata, ni un caramelito, nada.

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martes, marzo 1

vida urbana

Diez motivos por los que me gusta vivir en la ciudad:

1. Me gusta la imperfección del paisaje urbano. Sus formas grotescas, comunión de paralelepípedos, el caos controlado.
2. Me gusta el gris. Mirar hacia abajo y sentir la firmeza del asfalto bajo mis zapatos.
3. Me gusta mirar hacia arriba y encontrar la explosión de carteles multicolores y avisos de neón aglomerándose groseramente, formando una composición que -a la vez- apabulla y encanta.
4. Me gusta el hormigueo incesante de los vehículos, la constante ebullición.
5. Me gusta poder salir a la calle y formar parte de ese monstruo multicéfalo que se arrastra, solitario.
6. Me gusta ser cómplice de esa soledad colectiva, en silencio.
7. Me gustan los supermercados, el subte, los taxis amarillos, la prisa, la neurosis en el ambiente.
8. Me gusta ser consumidora: en tiendas de ropa, de high-tech-gadgets, de libros, de café.
9. Me gustan los sonidos de la ciudad: el murmullo de la gente en movimiento, las bocinas de los vehículos, los timbres de los teléfonos celulares, y tantos otros que crean una sinfonía dadaísta.
10. Me gusta sentir que siempre puedo huir hacia el mar o hacia la montaña, con su aire puro y su cielo celestísimo, hasta enfermar por tanta perfección y volver corriendo a casa.

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