jueves, junio 28

culto al plástico


Esto de las Blythes era un problema serio.
Pero me encanta sentir un poquito de entusiasmo por algo. Aburre andar de apática por la vida, pues.

La niña que llegó desde Hong Kong se llama ahora Enriqueta, por el personaje de Liniers. Por unos días me la pasé haciéndole ropa y tomándole fotos por todos lados. Hasta que empecé a oirla.
sí, ya quemé. hace rato.
No me habla, pero me dice cosas con sus ojitos de plástico. Un día le puse ropa de Barbie y yo sentí que a Enriqueta le estaba por dar el Chucky syndrome y se la tuve que quitar inmediatamente. Y es que esa furia por el rosado solo le va bien a la tonta esa que sonrie todo el día.
Empecé a sentir que ella mostraba personalidad, que tan bien escondida la tenía en esa caja de cartón en la que vino con sus accesorios.
Un día me dio lástima verla tan sola, parada en el marco de mi ventana. Con esa mirada dura que tiene, y que es una mezcla de arrogancia y tristeza por quién sabe qué. Entonces, decidí traer una amiguita para ella. Había visto fotos en Flickr de otras Blythes que se mostraban envidiablemente cómplices, juntas. Eso quería yo. Para Enriqueta, digo.
Así que un día llegó la niña de pelo Azul.
auxilio.
Había decidido que Azul -así se llama- iba a ser una revoltosa, que volvería loca a la estirada de Enriqueta. Pero apenas la saqué de su caja, me di cuenta. Nada que ver.
-Estos adorables pedacitos de plástico no hacen lo que les digo. A veces creo que yo soy su muñeca y ellas me mandonean-
Azul es más bien delicada y frágil, no como Enriqueta que es guerreraza.
Y me cuesta horrores integrarlas. Enriqueta no es sociable y está un poco celosa. Azul hace lo que puede, pero es tímida y siente que Enriqueta la ignora. Tal vez, pienso, necesitan una mediadora. Sí, tres es EL número.
psiquis trabajando en la justificación de comprar más Blythes. lo sé.
Y no sé ya a quien traer ahora. Me sé de memoria la Blytheopedia (existe, sí!) y ando en busca del elemento faltante. La piecita que le falta al rompecabezas. Solo una más, por favor. ¡La última!
La primera iba a ser la única.

El mundo Blythe es muy peculiar. Participando en el foro, veo que no hay un sentimiento de 'coleccionista' entre la gente. Digo, hay gente que las compra y las colecciona en una onda Pokemon gotta catch 'em all. Pero no son la mayoría.
Por otra parte, parece haber una suerte de 'consenso' en que la Blythe es una nena fotogénica que necesita ver el mundo (o que el mundo la vea, diría yo). Supongo que esto tiene que ver con el origen del redescubrimiento de estas muñecas. Gina Garan, una fotógrafa neoyorkina empezó a cargar la suya (una original, del 72) en sus viajes y la usaba como tema de sus fotos. Luego, una movida comercial hizo que las Blythe volvieran al mercado a mediados del 2001 y actualmente hay más de 80 modelos (y se siguen produciendo nuevos). Estas cabezonas se producen y venden en Asia solamente. Aunque es posible encontrarlas en alguna tienda rara por ahí. Y obviamente, está la santa internet. La nueva mami de todos los vicios.
Los Blytheahólicos son todos tan distintos, que creo que lo único que tienen en común es la pasión por las Blythe.
Están los que compran una y son felices con solo una. Y los que tienen 50 y quieren más.
También están los que compran alguna y le ponen vestiditos primorosos con blondas, volados y moñitos, y también los que creen que es Barbie y la visten de adolescente sobreproducida.
Hay quienes compran una y la dejan tal cual salió de la caja, y quienes le hacen un extreme make over, que implica cirugía de alto riesgo tras la cual la niña queda irreconocible.
El tema del calzado, es un punto aparte. Ahí queda al descubierto las almas más obsesivas del grupo. Actualmente, el hambre por las Barbie Mary Janes es casi un virus. He visto subastas en Ebay donde oscuros impulsos han llevado a estos zapatitos (cuyo costo de producción debe ser de centavos) a venderse por casi US$15 el par. Y en el foro, los he visto venderse hasta por $20. Algunos confiesan comprar la Barbie solo por los zapatos y luego donar la descalza muñeca a alguna niña por ahí.
El poder de seducción del plástico bonito es increíble.
Después no digan que no les avisé.
*la historieta fue hecha por un miembro del foro que no soy yo :)

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lunes, junio 18

bla

Ayer en el tren, subió una señora que repartía entre los pasajeros unas hojas de papel que tenían algo escrito. No sé qué era porque me las arreglo para ir del lado de la ventana siempre que puedo, y muchos de los que venden cosas o piden plata en los vagones del tren solo llegan a los pasajeros sentados del lado del pasillo. Entonces yo aprovecho para desenchufarme mirando el pedacito de mundo que me rodea a través de mi ventana y me entrego a una suerte de tristeza rosa por objetos que se suceden veloz e inevitablemente ante mis ojos, fuera de esa caja de metal en la que uno tiene que viajar, a veces. Rosa, digo, porque me parece idiota, francamente, conmoverme por tanta cosa inútil.
Ayer, por ejemplo, el sonido de la voz de la señora diciendo gracias al chico que estaba sentado frente a mí, me sacó de mi ejercicio de abstracción de la realidad por un momento. Volteé a tiempo para ver al chico darle unas monedas a cambio de esas hojas escritas. Y pude ver que una de ellas tenía un texto con forma de árbol y pensé que debía ser un poema gastado o alguna de esas historias-sopa-caliente-para-el-alma. El chico se pasó el resto del viaje leyendo esas hojas. Luego las enrrolló y se bajó del tren. Lo vi alejarse con el tubo de papeles escritos en la mano y me dio curiosidad el destino inmediato de ese árbol de palabras, si las tiraría en el primer tacho que encontrara en su camino, si las llevaría a su casa y las guardaría, o si las regalaría a alguien, o qué.

Es bien raro como, a la vez, los días se me van tan rápido y como breves instantes como este que acabo de contar se me hacen pequeñas eternidades.

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