lunes, enero 31

Lima, aún

El viernes pasado fui a un concierto de "Catervas, Resplandor y Rafo Raez & los Paranoias".
Llegué y Rafo se presentó 'unplugged' porque los Paranoias nunca llegaron. ¡Hm!
Luego, en pleno Resplandor, nos avisan que los chicos de Catervas tampoco pudieron llegar. Disculpas. Blablabla. Ah, Lima.
El sábado fui a reconciliarme con las olas que, alguna vez, casi extinguen mi luz. Playita Santa María.

Cargando los chaise-longue (porque a estas alturas una ya no está para tirarse sobre la arena, tolla multicolor de por medio) y jalando cooler, porque ir a la playa sin tener unas cuantas botellitas bien heladitas que te quiten la sed, no tiene sentido. Creo.

El muchachito (todavía no estoy tan tía como para expresarme así, pero bue) que cuida la entrada al club nos informó que no podíamos entrar con 'tanta' cerveza a la playa. Blablabla. Solución: le dejamos el cooler y, de rato en rato, ibamos a buscar su contenido, a medida que la sed lo exigía. Ah, Lima.

Qué sigan las vacaciones.




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viernes, enero 28

R.I.P, PC

Otra vez, desde cabina.
Hoy, Mi PC sucumbió a los avatares del tiempo y el olvido.
Era una 386 repotenciada, qué le vamos a hacer.
Murió en paz. Sin mucho sufrir. Sin hacer ruido.
Intenté resucitarla. No pude. Expiró entre mis manos.
En silencio, la cubrí con su fundita.
Más tarde llevaré mi CPU al señor oráculo, para que me diga si es posible traerla a la vida.
Mi PC es como un héroe de anime japonés, ha tenido las muertes más calamitosas, pero, cual ave fénix, siempre se las arregló para volver a la vida. Espero que esta vez también lo logre.
Las cabinas son muy feas.

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miércoles, enero 26

Lima, la gris.

Llegué a Lima hace una semana y aún no termino de readaptarme.
Desde mi vieja PC, con conexión dial-up y con un teclado que se me hace un poco extraño, intento encajar en este lugar al que insisto en llamar 'mi casa' y –no sé cómo explicarlo- es como si a cada paso tropezara conmigo misma.
El viaje en bus, ruta Cuzco-Lima, fue agotador. O, tal vez, yo ya estaba al límite de mis capacidades viajeras. O, tal vez, fueron demasiadas las curvas entre Cuzco y Apurímac (personas con estómagos sensibles, harán bien en abstenerse de seguir esta ruta).
No lo sé.
Hoy subí a una combi cuyo cobrador gritaba "¡Todo Brasil-Wilson-Tacna!" y bajé en Jr. Quilca. A ver qué hay de nuevo. Compramos un par de libros (a veces me sorprende lo capos que somos para piratear, ¡qué arte!) y decidimos dar un par de vueltas más antes de volver a casa. Llegamos a la Plaza Mayor y miramos -de lejitos- Palacio de Gobierno, la Municipalidad de Lima y la Catedral. De lejitos, digo, porque la plaza estaba rodeada por policías con cascos, escudos y espadas de He-Man. Un señor que intentó -inútilmente- vendernos una foto con su Polaroid en la mano nos explicó que hubo una 'manifestación' más temprano. Ah.
Tomamos un par de fotos, como pudimos, incluyendo foto al policía que con muy mala onda me dijo que no podía pasar a la plaza, y decidimos volver a casa.
En eso, un 'Urbanito' nos cerró el paso invitándonos a realizar el recorrido turístico del centro de Lima, por solo 5 soles. Ya pues.
Estación Desamparados, Convento San Francisco, Plaza de Acho y llegamos al Cerro San Cristóbal, bajamos y vimos a Lima envuelta en su niebla gris. Linda.
Estoy exhausta.
Ayer pasé por Galerías Brasil. Compramos discos que aún no he escuchado. Bandas locales. Discos que no se encuentran (fácilmente) en internet.
Tengo un montón de revistas que me ha estado enviando la universidad. He ojeado algunas. Otras siguen en sus bolsas de plástico, selladas, con esas etiquetas que dicen 'Srta.'
Estoy cansada y confundida, un poco triste y, a la vez, feliz de estar aquí.
Aún me quedan dos semanas más.

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martes, enero 18

Machu Picchu, la típica foto


Dejé el cable de la cámara en la mochila, en el hotel, y no puedo bajar las fotos. Así que lo haré desde Lima.
Solo tengo ésta foto que saqué con una cámara-llavero que no tiene la mejor resolución del mundo, pero que refleja la escasa luz que hubo el día de ayer.
Peor es nada.

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en Cuzco, Perú

Exhausta y aún con náuseas.
Me voy esta noche a Lima.
'Nos rompieron el orto' en Cuzco. Esta expresión porteña refleja bien lo que experimentamos en esta hermosa ciudad: Cuzco está carísimo.
Llegamos la mañana del sábado pasado, en un bus que vino desde Puno, rápido y sin problemas, a pesar del paro de ganaderos en estos lados de mi país. Encontramos un hostal lindo por la iglesia de San Blas, a unas cuadras de la Plaza de Armas, lo suficientemente cerca como para ir caminando y lo suficientemente lejos como para poder dormir tranquilos en la noche sin que la bullita de la juerga cuzqueña nos moleste. Nos pasamos el día paseando por nuestra cuenta por la ciudad, visitamos la Catedral, y almorzamos un suculento menú de 5 soles en un lugar bastante decentón. Estamos en la onda del ahorro.
También fuimos a averiguar 'cuánto nos iba a doler' ir a Machu Picchu. Se puede ir de dos formas: a pie, por los caminos del Inca (carísimo, casi 150 dólares por persona, el de 4 días) y por tren.
Como tenemos poco tiempo (y yo tengo un pésimo estado físico) para hacer el camino del Inca, decidimos ir por tren.
Descubrimos que, para turistas, hay 3 tipos de trenes: el Hiram Bingham, que cuesta más de 450 dólares (bastante lejos de nuestro presupuesto); el tren Backpacker, que cuesta 66 dólares (ida y vuelta); y el tren económico, 24 dólares (ida y vuelta). Los dos primeros parten de la ciudad de Cuzco y llegan a Aguas Calientes, digo, Machu Picchu Village; y el último, el económico, no parte de Cuzco sino de Ollantaytambo. Nos dijeron que hay una combi que va de Cuzco a Ollantaytambo por 6 soles; pero nosotros aprovechamos en hacer el circuito del Valle Sagrado, que por 20 soles nos lleva en combi, con guía turístico, por Corao, Pisac, Ollantaytambo y Chinchero. Nosotros nos quedamos en Ollantaytambo y fuimos corriendo a comprar los boletos del tren económico.
Y ahí nos metieron la primera yuca.
Era domingo, pasado el mediodía y en la boletería del tren nos dijeron que solo había pasaje económico de ida para esa noche, pero de regreso solo había a partir del jueves (!¡).
Luego, la criollada, nos ofrecieron vendernos pasaje económico de ida y pasaje backpacker de vuelta, que sí tenía para el día siguiente. En resumen, el pasaje -ida y vuelta- de tren no nos costó 24 (12 ida y 12 vuelta) ni 66 (33 ida y 33 vuelta), sino 45 dolores (12 ida y 33 vuelta).
Ya pues, dijimos.
Y enrumbamos a Machu Picchu, pueblo.
Llegamos poco antes de las 10pm. Encontramos un hostal lindo muy cerca del paradero de combis que suben de Aguas Calientes a Machu Picchu, que, por cierto, cobran 12 dólares por ese breve trayecto. Un robo.
Pasamos la noche en 'el lugar erróneamente llamado Aguas Calientes' y, al día siguiente, lunes 17, despertamos a las 6 am. y tomamos la primera combi, pues teníamos que estar de vuelta antes de las 4pm para tomar el tren backpacker de vuelta a Cuzco.
Milagro de los apus, desperté curada de todos mis males (las malditas náuseas) en Machu Picchu.
Maldición de la Pachamama, llovió todo el día.
Llegamos a eso de las 7am. y Machu Picchu estaba envuelta en nubes, como si aún estuviera durmiendo, así, arropada.
Pagamos los derechos de entrada, 20 dólares, los extranjeros y 10 dólares, los peruanos, enseñando DNI.
No quisimos contratar un guía, no solo porque era algo de 10 dólares (creo que por persona, no me quedó claro), sino porque queríamos tomarnos nuestro tiempo. El día anterior, en el tour al Valle Sagrado, no pude subir -con el grupo- a las ruinas de Pisac, porque confabularon las náuseas y la falta de aire para que me quedara a mitad de camino. Además, ambos habíamos ido ya a Machu Picchu con guía y ya sabíamos como era.
Caminamos por todos lados. No había casi nadie. Los demás turistas empezaron a llegar después de las 10am.
Nos cayó la lluvia encima, saludándonos, dándonos la bienvenida a la ciudadela Inca.
El Huayna Picchu estaba escondido detrás de unas nubes. Recién se dejó ver al mediodía.
Subir escaleritas, bajarlas, caminar cuesta arriba, luego cuesta abajo, Machu Picchu es hermoso, incluso en épocas de lluvia.
Una confesión: me fascina la lluvia. Creo que no podría haberla pasado mejor. El clima, para mí, fue perfecto. A pesar del impermeable, me mojé un poco y me encantó. Habría sido menos lindo si hubiera brillado el sol, como hoy, aunque habría sacado mejores fotos. Bah.
A eso de la 1pm, había dejado mis huellas por todo Machu Picchu. Me sonaba la panza, de hambre; y la lluvia, que se había tomado un descanso al mediodía, había vuelto a hacer de las suyas. Entonces, nos fuimos.
Por la empañada ventana de la combi, cuesta abajo, hacia Aguas Calientes, vimos uno de esos niños que gritan alternadamente 'good bye' y 'adios' vestidos de indiecitos y que al final del camino suben al micro a pedir unas monedas.
Regresamos a Cuzco en el tren backpacker. Ese es el que había tomado hace algunos años, cuando vine con mi hermana. Lo recordé por ese último tramo que hace antes de llegar a la ciudad de Cuzco, donde avanza zigzagueando. Es medio molesto. Al menos, para mí.
Me quedé dormida en el tren mochilero y cuando desperté, mis náuseas habían vuelto.
Me fui a dormir al hostal y hoy desperté aún un poco 'rara'.
Fuimos a comprar los pasajes a Lima. Nos vamos en bus. 90 soles. 20 horas.
No vamos más a Ayacucho, ni Huancavelica (snif) ni a Huancayo. Nada. Cuzco se llevó buena parte del presupuesto. Pero fue hermoso.
Voy a comprar más Dramamine, solo me queda uno.

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viernes, enero 14

En Puno, Perú


Al fin encontré una cabina decente con puerto USB para descargar mis fotos.

Hoy desperté de buen humor.
Sigo en Puno.
Desayuno: cheesecake de sauco y un mate de coca.
Nos enteramos de que en este lado del Perú también hay paro y bloqueo de carreteras. ¡Maldición!
Igual, ya tengo los pasajes para ir esta noche a Cusco. Omnibus. No aprendo.
Quería ir en tren, pues viajar en tren, tiene un no sé qué, me gusta más.
Pero los trenes salen a las 8am y eso implica pasar una noche más en hotel, y nuestro presupuesto no da para eso. Lástima.
Hoy estuve pisando las islas flotantes de los Uros. Muy interesante.
Nos dicen que los Uros son cada vez menos y que es posible que dentro de poco se extingan. Las islas están hechas de totora (tienen, por lo menos, 20 metros de profundidad) y continuamente se 'refaccionan' añadiendo capas adicionales de este material. Tomamos muchísimas fotos y compré algunos recuerditos.
Volvimos a la ciudad de Puno y fuimos a almorzar. Yo, un salpicón de pollo y él, un cuy chactado al que se le veía la carita. Brr.
Aún no me acostumbro del todo a la altura. Puno está a 3800 m.s.n.m.
(He descubierto algo: mi tolerancia a la altura solo llega alrededor de los 3500 m.s.n.m. Arriba de 4000, enfermo).
Me quedé con ganas de ver la feria de las Alasitas ('cómprame'), una tradición que, se cree, es de origen aymara. Las alasitas son objetos en miniatura que representan las necesidades y sueños de las personas que las adquieren. Está relacionado con la creencia en el Ekeko, el dios de la fortuna y prosperidad, que las carga en la espalda. En La Paz, Bolivia, la feria empieza el 24 de enero. En Puno, el 2 de mayo, todavía. Lástima. Tengo una obsesión con las miniaturas.
Mañana espero estar paseando en mi ciudad favorita, Cusco. Ojalá.
(la última vez que dije esto, pasaron cosas raras, pero no soy supersticiosa. No aún).

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jueves, enero 13

Saliendo de Bolivia

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Pesadilla en el Altiplano (Bolivia III)

El título puede sonar un poco dramático, pero el recuerdo de lo que me pasó ayer lo amerita.
Bolivia es un país hermoso. Tiene una geografía impresionante. Y también tiene muchos problemas.
El martes (hace 2 días), a las 8pm, tomamos las mochilas y fuimos al terminal de ómnibus de Potosí. Teníamos pasajes a La Paz. Nos dijeron que se había suspendido el viaje porque las carreteras estaban bloqueadas y nos devolvieron la plata. Ah. ¿Pasar otro día en Potosí o arriesgarnos y tomar un bus a otra ciudad e intentar llegar a La Paz desde ahí? 5 minutos de deliberación y decidimos apostar por la segunda opción. Tomamos un bus a Oruro donde, apenas llegamos, tuvimos la 'suerte' de enganchar otro bus que iba a La Paz.Y ahí empezó la odisea.
Poco menos de 1 hora antes de llegar a nuestro destino, el micro enterró una llanta en el improvisado 'camino' que había tomado para evitar a los pobladores que estaban bloqueandos las rutas con piedras y llantas en fuego. Casi una hora después logramos retomar el camino y, zas, ahí estaban ellos, los piqueteros (huelguistas), armados con palos, fierros y piedras. Intimidantes. El chofer estacionó el bus a un lado del camino de tierra y se cruzó de brazos. Dijo que intentaría negociar con los pobladores para que nos dejaran pasar. Se fue y al poco rato volvió.
Manan Kanchu.
Eran las 7am.
Los pasajeros de Expreso Tupiza nos miramos unos a otros, incrédulos, y decidimos bajar a estirar un poco las piernas. Pensábamos que, ya que el gobierno boliviano había cedido al pedido de los huelguistas (rescindir el contrato con Aguas del Illimani, la empresa francesa encargada de la administración de agua potable), los huelguistas se irían a sus casas. Ja.
Las horas pasaban. La impaciencia empezó a hacerse notar. Un grupo de jóvenes argentinos decidió tomar sus mochilas y terminar a pie (unas dos horas) el camino. Deliberamos nuevamente, hicimos un rápido análisis costo-beneficio, incluyendo el factor riesgo, que no era poca cosa. Uno de los pasajeros, un argentino radicado en Bolivia, nos advirtió que los pobladores sucumben a la violencia fácilmente. Nos contó que agredieron a palos y piedras a un taxista y a sus pasajeros por no acatar el paro. Suficiente argumento para mí. Nos quedamos 8 personas.
A eso de las 6pm se reunieron los huelguistas con sus dirigentes. Ahora ellos deliberaban. La radio anunció que no llegaron a un acuerdo con el gobierno y que el paro mantenía su carácter indefinido. La posibilidad de pasar la noche en posición fetal dentro del bus en ese pueblito que aún no encuentro en el mapa me parecía una idea poco feliz.
9pm: El chofer, finalmente, decidió retomar el camino. Pero nos dejó en el terminal de ómnibus de El Alto. En la boca del lobo, o sea. Gracias. Exigimos que continuara el trayecto hasta La Paz, pues para eso habíamos pagado, protestamos, lo puteamos, nada.
Manan Kanchu.
En las veredas del terminal estábamos 8 indignadas personas, el paro continuaba, y la angustia se apoderaba de nosotros.
Ahora estoy un poco más tranquila, pero aún lejos del 'luego me reiré de esto'.
Entonces, maldecí a los apus y juré que nunca volvería a ese país.
Entiendo que la gente tiene derecho a protestar, lo que no entiendo es por qué sus protestas involucran a personas que no tienen nada que ver con sus problemas.
No me disculpo por lo que voy a decir. Ayer fui secuestrada. Así me sentí. Rehén.
Ya lo sé. Ya sé que los cortes de ruta es un instrumento de protesta muy eficaz. Pero es terriblemente bruto. Creo que sigue la lógica de un secuestrador, quien, para conseguir lo que quiere de otra persona, utiliza una estrategia de extorsión que es la de reducir a un tercero a una situación de vulnerabilidad, como la privación de su libertad. El secuestro está penado por ley. Los cortes de ruta, parece que no.
Ayer, literalmente, escapé de Bolivia gracias a un temerario taxista que aceptó llevarnos desde El Alto hasta Desaguadero (algo más de una hora de viaje), la frontera con Perú.
Me sentí como un ratón huyendo de los gatos.
Era medianoche y ahí estábamos, 4 individuos apiñados en un pequeño taxi, con la esperanza de llegar sanos y salvos a la frontera con Perú. Un taxi que rodaba por calles oscuras, apenas iluminadas por la tormenta eléctrica que se desataba en el cielo. Lindo escenario.
Nos tiraron una piedra. Por suerte no dio en el blanco. Seguimos el camino.
Esquivamos por lo menos 5 grupos de huelguistas. Yo temblaba con la idea de que me cayeran a piedras y palos y que nos robaran lo poco que tenemos, las ganas de disfrutar de nuestras vacaciones y los recursos (escasos) que reunimos con tanto esfuerzo. Cada vez que nos aproximábamos a uno de estos grupos era lo mismo, se nos acercaban los pobladores y pegaban las narices a las ventanas del automóvil. Hombres con pasamontañas nos rodeaban, desafiantes. Una mujer en polleras me escudriñó con la mirada. Se me pararon los pelos de punta. La dureza de su mirada aún me asusta. Alguien gritó '¡son gringos!' y empezamos a hablar para sacarlos de ese error. Les soltamos algunas monedas y nos dejaron pasar. Carajo, qué miedo.
Finalmente, llegamos a Desaguadero a eso de la 1am de hoy. Pasamos la noche en un Albergue frente a las oficinas de migraciones bolivianas y a las 9am cruzamos la frontera. Quería llorar. Pero llorar a 4300 m.s.n.m. solo iba a empeorar los dolores de cabeza, náuseas y mareos que me habían caído encima desde el día anterior. Yo pienso que la causa es la mirada de esa mujer.
Ahora estoy en Puno. Aún con un poco de náuseas. Se me terminaron las Sorojchi Pills.
Mañana temprano iremos a pasear por las islas de los Uros. A ver si con eso se nos pasa un poco el sabor amargo que nos dejaron las últimas horas en Bolivia.

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martes, enero 11

El tío Jorge


Los mineros le ofrecen hojas de coca, le invitan cigarros y un poco de alcohol puro.
¡Qué tal tío!

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4090 m.s.n.m. (Bolivia II)

He llegado a Potosí. Finalmente, la altura me afectó. Pero no importa, el lugar es hermoso.
Hoy, después del desayuno, tomé un tour a las minas.


Envuelta en un traje color amarillo patito, con botas que le hacían juego y con un casco que tenía una lamparita sobre la cabeza, entré a la oscuridad de las minas para buscar al tío Jorge.
Como ni el Dramamine ni mis queridas pulseritas mágicas (unas muñequeras, como las que usan los tenistas, que hacen presión sobre un punto de la muñeca, aliviando las náuseas y mareos) hicieron efecto, nuestro amable guía, Santos, me instó a masticar hojas de coca o me quedaba afuera y me perdía de toda la diversión. Me metí un puñadito de hojas a la boca y entré a la mina. No era tan desagradable como pensaba. Y, sí, me quitaron las náuseas.
Al regresar, nos dimos con que era la hora de almorzar y fuimos a Sumaj Orko, 'cerro magnífico' en quechua, un restaurante de comida local muy lindo. Compartimos un plato de Picante de pollo. La que nos atendió nos sonreía mientras nos preguntaba si nos había picado mucho. Ja.
Luego, fuimos a La casa de la Moneda. Algún tiempo atrás, cuando Potosí era una ciudad próspera, se acuñaban monedas.
Tenemos pasajes para La Paz, hoy a las 8pm. El paro de transportes, hasta ahora, mucho no nos afectó. Espero no quedarme varada a mitad de camino. Se supone que llegaremos a La paz a las 6am de mañana. Ojalá.
Estoy agotada. Lo dejo aquí.

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domingo, enero 9

Bolivia

Una vez, cuando era chiquita, le tomé el pelo a mi amiga Rocío. Estábamos en primero o segundo de primaria y nos estaban preguntando a todos "qué queremos ser cuando seamos grandes". Yo le dije que yo iba a decir que "quería ser Miss Universo" y que ella debía hacer lo mismo. La pobre se levantó de la carpeta y con la candidez de sus 6 años, proclamó en voz alta que iba a ser Miss Universo.
Nos reímos todos. Pero no recuerdo qué dije yo. Mi mamá me dice que cuando me hacían 'esa' pregunta, yo respondía, muy segura de mí misma, "yo voy a ser turista". Y no entendía por qué se reían todos. Qué linda.

Son las 5pm, nuestros relojes dicen que son las 6pm y en Lima son las 4pm.
Estoy en Bolivia, en Villazón, para ser exactos. Apenas, cruzando la frontera argentina. 3400 mts. s.n.m. (aprox.) y no me dio Soroche. Estoy orgullosa de mí.
Salimos corriendo de Buenos Aires, teníamos mucho sueño y se nos pasó la estación de subte donde teníamos que bajar para llegar al terminal de ómnibus. El micro que nos llevó a Jujuy se demoró en aparecer y el camino fue largo, no fueron 18 horas como pensaba, sino 22. Tuve que soplarme 'Mi pobre angelito' I, II, III y casi ponen la IV, pero, menos mal, no. Pasamos la noche en un albergue.
Al día siguiente, nuestro despertador no funcionó, por lo que, otra vez, a correr. Por suerte no perdimos el micro y en 2 horas estábamos ya en Purmamarca (aprox, 2500 m.s.n.m.) Lindo lugar. En una suerte de speed walking, recorrimos el lugar, arrastrando mochilas, trípode, arrastrando los pies. Admiramos el Cerro de siete colores. Lo fotografiamos. Dos horas y media después ya estábamos en ruta, otra vez, rumbo a Tilcara para tomar un micro que nos llevara a La Quiaca, la ciudad argentina que limita con Bolivia. Cruzamos la frontera. Y acá estamos. Esperando en una cabina de internet que den las 7pm. para trepar a un micro que nos llevará a Tupiza. Queríamos ir a Potosí, pero no hay micros hasta mañana en la tarde. Y Villazón, el lugar donde estoy ahora, no da para hacer tanto turismo. No sabemos nada de Tupiza, pero esperamos pasar la noche allá y encontrar micro a Potosí mañana temprano.
Qué feo que es estar en cabina. La conexión es lentísima. Y están oyendo grabaciones de Videomatch.
-ay-
En fin. Al menos hay internet.
Tengo hambre, el pan con pollo que almorcé, pensando en las manitos (y uñitas) que lo habían preparado, no ha sido suficiente. Voy a buscar algo de comer, además, tengo que conseguir un despertador y pilas.

'Voy a ser turista'

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jueves, enero 6

39°C

Estoy en calzones frente a mi pc. Muy fresca.
Acabo de pasar por la ducha. Hoy la llave del agua fría me ha mentido. ¡Qué calor!
No uso jabón. Me desagrada el olor de la mayoría de jabones de tocador que se ofertan en el mercado. Olor a grasa.
Pasé por el rincón del vago (sin sentirme aludida) y encontré esto, que ya sabía pero no con tanta exactitud:
50%-80% de jabón de sebo es más de lo que yo pensaba.
Hace unos meses, una artista local, Nicola Constantino causó cierta polémica al exponer su obra en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires - MALBA. Se trataba de la muestra de Savon de Corps, una serie de jabones elaborados sobre la base de la grasa del cuerpo de la artista. La polémica se suscitó por parte de la comunidad judía (muy numerosa en estas tierras) que consideró la muestra una alusión al tema del Holocausto y no tanto una expresión de arte.
Al respecto, la artista defendió su posición sosteniendo que su exposición es más una crítica a la sociedad de consumo, basada en la película "El club de la pelea" (las declaraciones de Nicola, publicadas en el diario "Página 12" el 17 de agosto del 2004, se puede leer aquí). Y si a alguien le da curiosidad, puede encontrar imágenes de la artista y de su obra en este enlace.

No uso jabón, dije.
Prefiero el shower gel o body wash. Encontré unos muy lindos en una tienda llamada 'Bath & Body Works'. ¿Cómo volver a la pastilla de jabón?
Por cierto, La foto de arriba la 'tomé prestada' de un blog. Es un afiche de jabón Lux del año 1960.
P.S. Todo listo para el viaje. (¿qué hago posteando sobre jabones?)

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miércoles, enero 5

Vacaciones

A fines del 2003 conocí un lugar muy lindo llamado San Martín de los Andes, que está en el sur argentino, en la región patagónica. Fui en bus, en un viaje que, hasta ahora, ha sido el más largo de mi vida: 24 horas.
Digo hasta ahora porque pasado mañana empezaré un viaje que superará, largamente, ese record. Ojalá.
El viernes a las 9pm, un bus nos sacará de Buenos Aires y nos llevará hasta la provincia norteña de Jujuy en un viaje que durara 'solamente' 18 horas (me estoy mentalizando, desde ya).
En Jujuy, otro vehículo nos llevará, en un par de horas, hasta Purmamarca, donde iré en busca del cerro de siete colores. La idea es no pasar más de un día contemplando el cerro y continuar con el viaje rumbo a Bolivia.
No estoy muy segura, pero creo que iremos a Potosí, luego a La Paz y, finalmente, a un lugar llamado Sorata. Zillions de horas en bus. Cómo se nota que este tramo del viaje no lo planeé yo.
Una vez satisfechas las ansias de pisar suelo boliviano (y no hablo de mí) reanudaremos el viaje.
Cual Mama Ocllo, entraré a Perú por las espumas del Titicaca. Luego, pasearé por las islas de los Uros.
Dejando Puno, un bus nos llevará a ese hermoso lugar llamado Cuzco.
Te dije que volvería.
Hace varios años fui a Cuzco con mi hermana, pero el viaje entonces tenía otra onda, más nice, como dice la china Tudela, yo sé que tú me entiendes.
Esta vez iré con la mochila en la espalda, buscando esos albergues de 10 soles, mientras como un pan serrano o un choclo con queso.
Después de reencontrarme con Machu Picchu y los apus, seguiré mi camino.
Iremos a Ayacucho. No conozco Ayacucho. ¿Cómo será Ayacucho? Me da un poco de miedo.
De ahí iremos a Huancavelica. Ya estuve antes en Huancavelica. Fui con unas amigas de la universidad, para desintoxicarnos de tanto Kuhn-Tucker, tanta Heteroscedasticidad, tanto Bootstrapping. Lindo, Huancavelica.
Después, tomaremos el tren macho, el que parte cuando quiere, que en seis horas nos llevará a Huancayo. La verdad, mucho no me gusta, pero quiero ir para comer esas truchas del criadero en El Ingenio. Ñam.
Finalmente, tomaremos el último bus. Seis horas más y llegaremos a Lima, pasando por Ticlio. Brr.
La estimación actual es que este trayecto nos tomará unos 15 días.
Ya en Lima, espero atragantarme de cebiches, anticuchos y picarones callejeros (más ricos), chifa peruano (inigualable), tamales chinchanos, Cuzqueñas heladitas (¿ya no hay margaritos?), helados de lúcuma y, aunque no me gusta el Sublime, creo que me comería uno por puro antojo.
El viaje de regreso también será por tierra. Pero no por Bolivia (¡basta!), sino por Chile.
Bajaremos hasta Arequipa, nos quedaremos un día, máximo, y luego a Tacna. Después, derechito hasta Santiago, donde nos quedaremos un día, o dos.
Expectativas: muchas.
Temores: en general, sufrir un accidente; en Bolivia, que me dé el mal de altura (soroche); en Perú, que nos roben.
Los sucesos quedarán documentados en mi blog, que ya es hora de que sirva para algo.

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martes, enero 4

Para hacer bien el amor, hay que venir al sur.

Ayer llegó él y me devolvió el cd que me juró que no tenía. Ese cd marca chancho que guarda, como un cajoncito, todos mis cachivaches escondidos en mi vieja pc en Lima. Montones de sesudos papers, documentos, garabatos, e-mail (¿por qué los guardo?), fotos y mp3.
Esos mp3 que recordaba, con nostalgia, en un post anterior.
Y como hoy desperté, así, hecha una conchuda (en el sentido peruano, no el argentino), voy a pegar en mi radioblog un par de mp3 de mi colección privada. Exclusiva. De culto.
-Gasp-

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lunes, enero 3

Medley

Muchas cosas.
Empezar el año así, cargando una caja de pañuelos descartables por todos lados, tomando pastillas y jarabes asquerosos, estornudando y tosiendo alternadamente. El ventilador me está matando. Maldito calor. Hoy desperté a eso de las 8 am y ya entonces hacía 30 °C (llegará a 34° y, dicen, esto recién está empezando).

En la tv no dejan de pasar las últimas noticias relacionadas con el incendio en el boliche donde murieron más de 180 personas. Dicen que es 'normal' que la gente lance bengalas en este tipo de conciertos. Pero, ¿en un local cerrado, con techo inflamable, con antecedentes de incendios -controlados-, con miles de personas y con las salidas de emergencia cerradas?
Entonces, pienso en lo que pasó en Perú, en Mesa Redonda y el macabro espectáculo de fuegos artificiales, en lo que pasó en Utopía, el humo y el pánico, incendios de fin de año. El luto, el dolor, y los dedos acusadores que señalan a los propietarios de los locales y a las autoridades municipales.
Leo el diario, El Comercio, y me da los buenos días recordándome la impunidad reinante y la falta de dignidad entre los peruanos.
Más allá de reventarle cohetes (mala figura, en estos tiempos) al 'ejemplo' argentino, yo me pregunto si no nos corresponde asumir un poquito de culpa. Si además de encarcelar a los 'malvados e irresponsables empresarios capitalistas' y de celebrar la renuncia de autoridades incompetentes no nos haríamos un bien al reconocer que, a veces, nosotros también hacemos estupideces. Como el sujeto que decidió 'testear' el producto en Mesa Redonda, iniciando el incendio. Hace un tiempo leí una nota breve de una mujer que, habiendo perdido al esposo, hermano (no recuerdo bien y ya le perdí el rastro a la nota) en el incendio de Mesa Redonda, había vuelto a vender elementos pirotécnicos en las calles. ¿Por qué? Porque hay gente que se los compra.
O como las mujeres que llevaron a sus hijos pequeños al concierto de aquel grupo rolinga (que sigue la onda rockera de los Rolling Stones) en Buenos Aires y los dejaron encerrados en los baños que hacían las veces de improvisadas guarderías infantiles.
O, como dice una nota publicada hoy en Página 12, la cultura popular de la 'fiesta' en sí misma. Ese fenómeno social cargado de imprudencia, improvisación y descontrol que se manifiesta entre la hinchada del fútbol, y se traslada a algunos conciertos como este último con las terribles consecuencias que ya conocemos.
Odio a la gente que no hace más que echarle la culpa al gobierno de todo lo malo en su país, tanto como a los gobiernos que sucumben a ese esquema paternalista y se creen con derecho a intervenir y decidir por nosotros.
¿No somos adultos? No nos traten como a niños. ¡No nos comportemos como niños! Compartamos culpas.


Ahora, la tele dice 33° de sensación térmica. Me gusta eso de la 'sensación térmica'. No sé bien cómo la miden, pero toma en cuenta el efecto del viento y otros factores sobre la sensacion 'real' de temperatura que tenemos. Mierda. Qué calor. Odio el calor. Me da mucha rabia cuando la tonta del noticiero anuncia 'hoy es un lindo día' para referirse al sol que está brillando afuera, en todo su esplendor.
Frente a este edificio hay un parque. Un parque grande. Siempre hay gente corriendo alrededor. Siempre hay niños jugando y siempre, alguien paseando a su perro. A este paisaje se le ha sumado la presencia de gente en trajes de baño, tumbados sobre el pasto, tostándose, felices, bajo el sol. Parece que, a falta de playas cercanas, buenos son los parques.
Días soleados y brillantes como este me irritan. Me ponen de mal humor y las noticias malas me afectan con mayor fuerza.
Dicen que los lugares poco iluminados influyen sobre el desarrollo de síndromes depresivos. Y me parece curioso, pues los días nublados y fríos me provocan el efecto contrario: una emoción me invade, la siento en el pecho, y me siento tan feliz. Y me enoja que alguien diga 'qué horrible día'. Algo que extraño de Lima es ese cielito gris que muchos (no todos) odian. Muy acogedor. Me hace sentir cómoda, como Linus con su mantita. El cielo gris limeño es mi mantita.
Menos mal que ya vienen las vacaciones.

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